¿Qué es el diseño?

Un libro de Isabel Campi

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Casi todo lo que usamos y leemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos ha sido diseñado. En nuestro mundo industrializado y digital, prácticamente todo aquello artificial ha sido proyectado previamente y, por lo tanto, diseñado. ¿Pero sabemos exactamente qué es el diseño?

Este libro arroja luz sobre una de las actividades más omnipresentes y al mismo tiempo ignoradas de nuestra sociedad. Isabel Campi, una de las mayores expertas en teoría e historia del diseño, nos introduce de forma divulgativa a todo lo que rodea al universo del diseño: desde su significado y ámbitos de actuación hasta su historia, sus diferencias geográficas y culturales, la realidad de la profesión de diseñador y las cuestiones más candentes en la actualidad. El resultado es un texto ameno, sencillo y clarificador que interesará a periodistas culturales, a amantes de la cultura visual y, por supuesto, a todos aquellos jóvenes que estén pensando en hacer de la creatividad su profesión.

Descripción técnica del libro:

14,5 x 21 cm
128 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425232947
Rústica
2020
Descripción
Descripción

Detalles

Casi todo lo que usamos y leemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos ha sido diseñado. En nuestro mundo industrializado y digital, prácticamente todo aquello artificial ha sido proyectado previamente y, por lo tanto, diseñado. ¿Pero sabemos exactamente qué es el diseño?

Este libro arroja luz sobre una de las actividades más omnipresentes y al mismo tiempo ignoradas de nuestra sociedad. Isabel Campi, una de las mayores expertas en teoría e historia del diseño, nos introduce de forma divulgativa a todo lo que rodea al universo del diseño: desde su significado y ámbitos de actuación hasta su historia, sus diferencias geográficas y culturales, la realidad de la profesión de diseñador y las cuestiones más candentes en la actualidad. El resultado es un texto ameno, sencillo y clarificador que interesará a periodistas culturales, a amantes de la cultura visual y, por supuesto, a todos aquellos jóvenes que estén pensando en hacer de la creatividad su profesión.

Isabel Campi es graduada en diseño, licenciada en historia del arte y doctora en historia del diseño. Dedicó toda su vida laboral a la enseñanza del diseño en diversas escuelas y continua actualmente con actividades de investigación y divulgación. En la actualidad, es presidenta de la Fundación Historia del Diseño y miembro de la Real Academia Catalana de Bellas Artes. Ha comisariado exposiciones sobre diseño de producto y ha escrito diversos libros sobre historia e historiografia del diseño, entre ellos La idea y la materia: el diseño de producto en sus orígenes, publicado también por la Editorial Gustavo Gili.

Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice

Prólogo a la edición en español

Introducción. Un poco de gramática

EL ÁMBITO DEL DISEÑO
Definiciones de diseño
El diseño en un mundo cambiante
El diseño, entre el arte y la tecnología
De la artesanía a la producción industrial
El diseño y la metodología
El trabajo interdisciplinar
Teoría vs. práctica
Las aptitudes del diseñador
Tipos de diseñadores
Las especialidades
Diseñadores y diseñadoras

UN POCO DE HISTORIA
El diseño en las sociedades preindustriales
La Revolución industrial y su impacto cultural
La reforma de las artes decorativas
La era de los artefactos y la mecanización de la vida cotidiana
Cultura e industria: un dilema para un siglo nuevo
La aportación de la vanguardia artística
La Bauhaus y la reforma pedagógica
El diseño en Estados Unidos
El sistema de la moda moderna
El diseño en los países socialistas

EL DISEÑO, HOY
El diseño angloamericano
El diseño nórdico y centroeuropeo
El diseño mediterráneo
El diseño en los países asiáticos
El diseño en los países periféricos

EL PAPEL DEL DISEÑO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA
Diseño y cultura visual
El papel del diseño en la sociedad de consumo
Diseño, tecnología y cultura
El futuro del diseño en la sociedad de la información

LAS INSTITUCIONES

LA FORMACIÓN DEL DISEÑADOR
Etapas en la formación de los diseñadores
Formación y mercado de trabajo 

Bibliografía y recursos online

Lee un fragmento
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PRÓLOGO A LA EDICIÓN EN ESPAÑOL

Escribí este libro en 1991, en catalán, con la intención de proporcionar a los jóvenes un manual de introducción al diseño. Sin embargo, con los años ha llegado a un público mucho más amplio de lo que yo esperaba. Lo he visto en manos de periodistas, políticos e incluso de algún realizador de televisión que tenía que llevar a cabo un programa monográfico sobre el tema. Sin embargo, su lugar más indicado es la enseñanza del diseño, a la que me he dedicado durante cuarenta años.

Con la implantación en España del bachillerato artístico y de los grados universitarios, este librito se ha convertido en un manual de referencia para cientos de estudiantes en su primer año. En honor a ellos he creído conveniente ir haciendo continuas revisiones del texto hasta llegar a esta cuarta edición. Ahora, además, gracias a la Editorial Gustavo Gili y a esta traducción al español espero poder llegar a todo el mundo hispanoparlante a uno y otro lado del Atlántico.

Además de los cambios técnicos y estructurales que se han vivido desde que escribí la primera versión de este libro dirigida a estudiantes catalanoparlantes, también he tenido esta vez en cuenta a un público mucho más amplio, no por fuerza circunscrito solamente al Estado español. Aunque las menciones al contexto europeo son inevitables, espero que los lectores latinoamericanos se sientan igualmente identificados con mis planteamientos.

A lo largo de los 28 años que han transcurrido desde la primera redacción, la práctica del diseño ha cambiado mucho debido al fabuloso desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). En aquel entonces los programas informáticos de dibujo estaban poco desarrollados, los ordenadores eran caros y se mantenían apasionadas discusiones sobre si era mejor trabajar con sistemas analógicos o digitales. Ahora, esta discusión ya no tiene sentido, puesto que los ordenadores son baratos y los programas informáticos excelentes. Durante este tiempo han desaparecido las diversas técnicas auxiliares que eran imprescindibles en el desarrollo habitual de un proyecto como el dibujo técnico a tinta, las copias heliográficas, la fotocomposición de texto y la fotografía analógica. La popularización de los soportes digitales permite seguir todo el proceso de tratamiento de la imagen con un único sistema de manera que el papel solo entra en juego al final, o, sencillamente, no aparece si el resultado debe visualizarse a través de un soporte digital como son las pantallas de un smartphone, una tablet o un ordenador.

La comunicación a través de internet ha supuesto una revolución todavía más grande. Ahora ya no es preciso acarrear planos y dibujos por el mundo, independientemente de que diseñadores, clientes y proveedores se encuentren en sitios muy distantes entre sí. La comunicación online ha facilitado mucho la globalización de los servicios de diseño y ha permitido que los diseñadores hoy trabajen alejados de la sede productiva. Ahora las empresas envían los proyectos de sus productos a talleres o fábricas que se encuentran en otro continente y, una vez fabricados, se distribuyen por centros logísticos de todo el mundo para después ser comercializados.

Por descontado ahora ya no hay empresas que no tengan su catálogo de productos disponible en la red, ni diseñadores profesionales que no tengan su página web con su currículo profesional, su lista de clientes, sus productos más conocidos y su oferta de servicios. De este modo todo el mundo lo puede consultar.

Hace veinte años la globalización era un fenómeno incipiente, pero ahora es una realidad incuestionable que ha llegado al diseño como a muchos otros sectores. Y con ello me refiero tanto a la actividad de diseñar como a los productos acabados. Ahora en cualquier tienda podemos adquirir, sin saberlo, un producto diseñado por un equipo holandés, fabricado en China y distribuido por una cadena francesa.

Esta revolución en la práctica profesional del diseño genera muchos debates, pero, como veremos en este librito, el diseño es una disciplina creativa y por lo tanto “mental”, y, aunque los instrumentos la modifican, sin embargo, no alteran su esencia.

De todas formas, es indiscutible que los problemas a los que se enfrenta la humanidad, como es el caso de la desigualdad económica, el agotamiento de las energías fósiles, la contaminación medioambiental o el calentamiento de la atmósfera, forzarán un cambio de la cultura material y, por lo tanto, de la cultura del proyecto. Sería iluso pensar que estos grandes retos no van a modificar la metodología del diseño y su práctica profesional. El futuro, creo, está en manos de los jóvenes que van a leer este libro.

Isabel Campi
Barcelona, 2 de noviembre de 2019

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

 

INTRODUCCIÓN. UN POCO DE GRAMÁTICA

Casi todo lo que usamos y leemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos ha sido diseñado. En nuestro mundo industrializado y digital, casi todo aquello que es artificial, esto es, que no ha sido producido por la naturaleza, ha sido proyectado previamente y, por lo tanto, diseñado. Esta omnipresencia del fenómeno del diseño no se corresponde, en cambio, con su cabal comprensión, y de ahí que nos encontremos con que los medios de comunicación utilizan a menudo la palabra diseño de maneras extrañas. En la actualidad se habla de drogas “de diseño”, se dice que hay políticos “de diseño” que pronuncian discursos “de diseño”, igual que hay casas “de diseño” o dentistas cuyo trabajo consiste en “diseñar” sonrisas.

Entendido de ese modo, el diseño sería entonces una especie de moda, algo sofisticado, artificioso y caro; el estilo de aquellos que viven obsesionados por ofrecer una imagen ultramoderna de su hogar, de su coche y de su indumentaria. No es raro que algo así suceda en una sociedad obsesionada con el culto al cuerpo y a la imagen. Pero el objetivo de este libro es ir un poco más allá de las apariencias y contar que el diseño, en realidad, es una profesión muy seria, cuya actividad ha generado una cultura visual innovadora y diferenciada de lo artístico.

Un pequeño escollo que debemos salvar si queremos comprender bien el diseño tiene que ver con que, gramaticalmente, empleamos el término indistintamente como verbo y como sustantivo. El verbo diseñar denomina a una actividad, la de proyectar, que es previa a la producción de las cosas y que en tiempos modernos se ha convertido en una disciplina y en una profesión que se aprende y se ejerce. En cambio, el sustantivo diseño hace referencia al resultado de dicha actividad, es decir, a la forma final de las cosas una vez han sido producidas y terminadas. Solemos decir que nos gusta el diseño de algo cuando, en realidad, queremos decir que nos gusta su configuración. Mientras la mayor parte de la gente ve diseños o productos acabados, con entidad física o digital, los teóricos del diseño nos obcecamos en hacer entender el significado del verbo diseñar, algo que en realidad constituye una actividad creativa de tipo intelectual y, por tanto, abstracta.

Los arquitectos, por ejemplo, también llevan a cabo una actividad basada en la proyección y la creación de sus edificios, pero no por ello han inventado el verbo arquitecturar. Cuando hablamos de la arquitectura de un edificio, nos referimos a su forma o a su configuración. Y, si bien sabemos que la arquitectura es una disciplina y una profesión, no decimos que un arquitecto está arquitecturando un edificio. Decimos, sencillamente, que lo está proyectando. Podríamos decir perfectamente que el diseño es la arquitectura de los objetos que nos rodean, de los libros y periódicos que leemos, de los anuncios que vemos en la calle o de la ropa que llevamos.

No en todos los idiomas existe un término equivalente a nuestro ‘diseño’ para referirse a este campo. En alemán se dice Gestaltung (configuración) en francés dessin (dibujo) y en italiano disegno (dibujo), así que dichas lenguas han acabado incorporando a regañadientes la palabra inglesa design. Afortunadamente, nosotros tenemos la palabra diseño, que desde el siglo XVIII se usa en castellano y en inglés (design) para hacer referencia a la revitalización de las artes industriales en asociación con la idea de proyecto. En España, curiosamente, la palabra cae en desuso durante aproximadamente un siglo y medio, hasta que, en la década de 1950, reaparece con fuerza y con un carácter más metodológico y vinculado a la idea de configuración, alejado de su uso en francés, asociado a la “estética industrial” y de tipo más superficial. Sucede, sin embargo, que fuera de los círculos académicos y profesionales, el significado de la palabra diseño no siempre queda claro, y de ahí que en los medios de comunicación se haya usado más bien como adjetivo. La poderosa naturaleza de estos medios tal vez nos termine llevando a aceptar que la expresión “de diseño” es una forma calificativa de origen popular muy recurrida —por lo menos en España—, cuando se trata de hablar de un estilo moderno o de criticar excesos de artificio o sofisticación.

No obstante, dicho esto, si entendemos en qué consiste el trabajo y la responsabilidad de los diseñadores, siempre será más correcto, al referirnos a su actividad, decir que diseñan bien, con ingenio, o que, por el contrario, diseñan mal. Y si lo que queremos es valorar un resultado, es decir, un diseño, será más correcto recurrir —según el caso— a adjetivos como bonito, práctico, acertado, funcional, racional, cuidado, moderno, austero, elegante, comprensible, legible, etcétera, o, por el contrario, feo, incómodo, desacertado, poco funcional, anticuado, barroco, artificioso, incomprensible o ilegible. [...]

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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