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Los secretos de la moda al descubierto

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19,23 €

En Zara o en Gucci, en los noticieros de la tarde y sobre las marquesinas, en las páginas financieras de los periódicos o en las escaleras del festival de Cannes, la moda -ultramoderna, hiperlujosa o solamente accesible- es, a partir de ahora, un asunto de dinero y poder al mismo tiempo que una cuestión de estilo y de aspecto. La moda se ha convertido en un elegante campo de batalla donde se pelea a golpe de contratación y traspaso de diseñadores, donde las finanzas se convierten en glamour y donde los rostros de las ciudades se transforman: en las avenidas elegantes, Dior y Vuitton se codean con Gap y Kookaï. ¿De dónde surgen las tendencias? ¿Cómo fabrican Zara y sus colegas sus 'top' de moda a precios asequibles? ¿Por qué la microfalda de la pasarela no resulta ser tan corta en la tienda? ¿Qué es lo que empuja a las estrellas a servir de 'reclamo' para las marcas de lujo?

La autora arrastra al lector a los bastidores de las grandes casas de moda, así como a los entresijos de las marcas más accesibles. Jugarretas, rumores, pequeños trucos y grandes estrellas: ésta es la crónica de un medio en ebullición.

Descripción técnica del libro:

13 x 20cm
208 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425222115
Rústica
2008
Descripción
Descripción

Detalles

En Zara o en Gucci, en los noticieros de la tarde y sobre las marquesinas, en las páginas financieras de los periódicos o en las escaleras del festival de Cannes, la moda -ultramoderna, hiperlujosa o solamente accesible- es, a partir de ahora, un asunto de dinero y poder al mismo tiempo que una cuestión de estilo y de aspecto. La moda se ha convertido en un elegante campo de batalla donde se pelea a golpe de contratación y traspaso de diseñadores, donde las finanzas se convierten en glamour y donde los rostros de las ciudades se transforman: en las avenidas elegantes, Dior y Vuitton se codean con Gap y Kookaï. ¿De dónde surgen las tendencias? ¿Cómo fabrican Zara y sus colegas sus 'top' de moda a precios asequibles? ¿Por qué la microfalda de la pasarela no resulta ser tan corta en la tienda? ¿Qué es lo que empuja a las estrellas a servir de 'reclamo' para las marcas de lujo?

La autora arrastra al lector a los bastidores de las grandes casas de moda, así como a los entresijos de las marcas más accesibles. Jugarretas, rumores, pequeños trucos y grandes estrellas: ésta es la crónica de un medio en ebullición.

Marie-Pierre Lannelongue es periodista de la revista Elle.
Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice de contenidos:


Prólogo


1 ¿Existe una moda después de Tom Ford?
         
El Éric Cantonna de la moda
         
¿Prendas Sander sin Jil?
         
La prehistoria de la moda
         
Un negocio como otro cualquiera
         
El caso Tom Ford
         
'Una mujer Prada no es una mujer Gucci'
         
Cuando Anna Wintour bosteza...
         
El lujo se va a la guerra


2 ¿Realmente mis zapatos Prada han sido diseñados
por Miuccia?
         
El ayatolá del Gucci Group
         
'Soy un producto'
         
El reinado de Karl
         
De la mesa de dibujo a la videoconferencia
         
100 % Galliano
         
El mito del creador: El show de Galliano
         
Aquí, los estudios


3 ¿Por qué todo lo que se muestra en las pasarelas
parece inllevable?
         
La galaxia Dior
         
El espectáculo está en la pasarela
         
Prèt-à-porter llevable
         
El doble salto mortal de la boutique
         
Las ventas son prioritarias
         
Entre el invierno y el verano...
         
Profesión: redactora de moda

4 ¿Qué diablos hace este anuncio de Chanel en la parada
del autobús?
         
El lujo en la calle
         
Convertir a nuevos fieles
         
Los códigos de la publicidad
         
El cuento de hadas de Natalia
         
En busca de la nueva estrella
         
Los consejos de las redactoras
         
Publicidad en todos los frentes

5 ¿Podré algún día degustar galletas Christian Dior?
         
La moda de las diversificaciones
         
El perfume superstar
         
El bolso: un Grial
         
¿Una ciencia exacta?
         
Logos hasta en las patillas
         
La aventura de la joyería
         
Jamón Dior
         
¡Amparo ante las licencias!


6 ¿Acaso ir de compras se ha convertido en la finalidad
última de nuestra existencia?
         
Siempre las mayores
         
¡Viva la fiesta!
         
Prada en el PC
         
Megatienda para prendas a buen precio
         
El lujo desdramatizado
         
Boutiques como virus
         
La globalización ya no es una tendencia
         
El shopping, pasatiempo elegante

7 ¿Acaso la alta costura ya sólo sirve para vestir (gratis)
a las actrices?
         
Vestir a 'la' Kidman
         
Avalancha tras las estrellas
         
El 'efecto alfombra roja'
         
Cultivar la amistad
         
Estrellas y nada más
         
Dior y las estrellas
         
Todas a favor de la publicidad
         
Las estrellas, nuevos valores seguros

8 ¿Realmente puedo vestirme en Zara como si lo hiciera
en Prada?
         
Zara: la 'copia' como arte
         
El enigma Zara
         
El conquistador
         
Made in Spain
         
La contribución de los suecos
         
Lo estadounidense, lo básico y lo accesorio
         
El mal momento del Sentier
         
Lo chic y lo cheap
         
El efecto Tati Or


9 ¿Acaso Zara utiliza espías?
         
¿Espías o no?
         
El vals de las tendencias
         
Una moda fácil de imitar
         
Ropa usada chic
         
Desde el origen
         
¿Lecciones de moral?
         
En la calle

10 ¿Por qué pagar tan caro? o El retorno del lujo
         
¿El final del star system?
         
Elitistas y punto
         
Dior y Vuitton, los ejemplos contrarios
         
Marcas independientes para entendidos
         
Vivan los países emergentes


Conclusión

Fuentes

Agradecimientos

 
Lee un fragmento
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Texto del prólogo:

‘Prólogo

'La copia no mata al original' (Gabrielle Chanel)

Recuerden... corrían los años 90, estábamos a las puertas del siglo XXI. Ya habían desaparecido las fantasías de ciencia ficción sobre el futuro, del tipo 'mañana, todos iremos vestidos con monos espaciales y cogeremos las lanzaderas igual que hoy cogemos el metro'. Para ser honestos, era un estilo pasado de moda, que casi rozaba el kitsch, demasiado 2001 Odisea del espacio. El futuro era, pues, inminente y la única profecía que se oía era esta frase atribuida a Malraux: 'el siglo XXI será espiritual o no será'. Siempre y cuando las multitudes no siguieran realmente el estilo espaciotemporal. Ahora que nos encontramos de lleno en el nuevo siglo, es obligado constatar que las calles de las ciudades ni están pobladas de extraterrestres, ni repletas de lugares de culto de todos los estilos. En cambio, lo que sí vemos a menudo, al pasear por este pequeño planeta, por Shangai o por Río, por Los Ángeles o por Seúl e incluso por Dakar o Calcuta, son chicos con vaqueros y gafas de sol de marca, chicas bien peinadas, con bolsos rutilantes y vestiditos de flores. ¿Exagerado? Apenas. ¡De verdad!

Nos guste o no, lo único que el siglo XXI ha aportado realmente es la globalización de los gustos y de los estilos. En cualquier lugar donde se instale Internet, es decir precisamente en todas partes, en cualquier lugar donde haya un atisbo de prosperidad económica, o sea, cada vez en más y más países, en los países emergentes que constituyen el gran negocio de la década, descubrimos los clips y las películas, las revistas y las boutiques... La gente se rinde al denim y homenajea a las marcas. Se da una conversión generalizada a la moda, la moda, la moda. Título tontorrón, pero bastante revelador de un programa dedicado a la moda en una cadena de televisión por cable francesa. 'La moda, la moda, la moda:' es el refrán que canturrean jóvenes y no tan jóvenes en los cuatro puntos cardinales del planeta. Lo que nos lleva a pensar, sin ninguna pretensión en la línea de Malraux, que el siglo XXI es desde ya mismo ultrafashion. ¿Exagerado? ¿Hemos borrado demasiado a la ligera las estrategias económicas, las cuestiones geopolíticas, los (des)equilibrios ecológicos, las tensiones, las injusticias, los peligros que acechan al clima del mundo? Sí, es cierto. Resulta, a todas luces, una estupidez no mirar más allá de nuestras shopping-bags. Sin embargo, ello no impide que los zapatos y los bolsos de las chicas constituyan un termómetro bastante bueno para medir la temperatura de una sociedad, tanto en Shangai, Delhi, Dakar o Sao Paulo como en París, Madrid o Los Ángeles.

¿Ejemplos? Los hay a miles, pero pongamos sólo uno, el de Priyanka, de apenas veinte años, 'actriz de Bollywood', una expresión para designar a esas miles de jóvenes indias, llegadas de todos los rincones del subcontinente para probar suerte en los estudios cinematográficos de Bombay, los más prolijos de toda la historia del cine. Priyanka empieza a hacerse un hueco como enfermera en una sitcom [comedia de situación] hospitalaria para la televisión. Y todas las noches, en este principio de verano asfixiante al borde del monzón, va a cenar a Olive, el restaurante chic del barrio balneario de la Maximum City, vestida con su inevitable uniforme: vaqueros de cintura baja, camiseta de tirantes que deja el vientre parcialmente descubierto y sandalias de piel de color vivo. Cada día un color distinto: del verde manzana al fucsia, siempre a juego con la camiseta. Esas sandalias tradicionales las llevan todas las mujeres de la calle, esas hermosas mujeres vestidas con saris multicolores, pobres, pero increíblemente nobles, con el pelo negro jade y decenas de pulseras doradas. 'Hace algunos años, ninguna chica de mi generación hubiera querido llevarlas -reconoce Priyanka-, pero desde que se han puesto de moda en Europa y en Estados Unidos, se ven por todas partes: doradas, plateadas, de colores, de charol. Así que todas fingimos acabar de descubrirlas. Como si no conociéramos las ‘verdaderas’, ésas de cuero grasiento, gastadas, calzadas por mujeres que sólo dispondrán de un único par en toda su vida'. Sin duda, la India es un país en proceso de mutación. ¿Quién se atrevería a decir que la moda no tiene nada que ver en ello?

Las mil y una cosas que forman el circo de la moda -las prendas, las marcas, las maniquíes, los creadores- son, por lo tanto, las vencedoras. La costura, el chic, el estilo, la tendencia, las fruslerías -llámenlo como prefieran- se han convertido en negocios de primera línea. En las portadas del telediario y en las portadas de las revistas, en la sección de economía de los periódicos, así como en las páginas de estilo, sobre las alfombras rojas de los estrenos de cine y en los pasillos del metro, en las ciudades dormitorio y en los barrios residenciales, en los centros comerciales y en las calles elegantes, en todas las calles de todas las ciudades. Nadie puede actualmente ignorar la ley del estilo, la tendencia del momento, el nombre del creador que oficia en Givenchy (el italiano Ricardo Tisci) o, sobre todo, el que vistió a Cecilia Sarkozy para la ceremonia de investidura de su marido Nicolas para la presidencia de la República Francesa (Prada, por supuesto)... En Francia, este último acontecimiento se ha elevado casi de forma instantánea al rango de acontecimiento histórico. La presidenta tiene una buena imagen, ha empezado el estado de gracia: en 2007, en Francia, éste es el tipo de comentario que hace las veces de análisis político.

En la década de los ochenta, los sociólogos decían que Occidente vivía una dictadura del look. La situación perdura más allá de toda esperanza y ha sobrepasado las fronteras del viejo mundo. Sobre todo, la moda se ha convertido en un ámbito mucho más rico y vasto que una simple cuestión de apariencia. En él se habla de prendas de vestir y de negocios, de accesorios y de política. En cierto modo, hay para todos los gustos.

Con el cambio de siglo, la moda se ha convertido en una industria como las demás, globalizada y, por lo tanto, organizada, en manos de megafirmas capaces de operar en todos los continentes y de mover montañas de dinero. Y el lujo atrae, en todo el mundo, a decenas de miles de personas: los ricos, los muy ricos, los cada vez más ricos, sobre todo si pertenecen a esos cacareados países emergentes. Oligarcas rusos y nuevos ricos chinos, industriales indios y grandes terratenientes brasileños se han reunido, en los registros de pedidos de las tiendas elegantes, con los pequeños genios de la informática californiana y con los financieros de la City. Por citar únicamente a algunos de los miles de privilegiados para los que comprar un bolso de piel de cocodrilo, cuyo precio equivale al salario de una maestra, es tan natural como respirar. Detrás de ellos, muy lejos, están también miles de consumidores que se han aficionado a la moda y que ahorran para poder comprarse un bolso de marca o esperan a que lleguen las rebajas para hacerse con unos zapatos italianos costosísimos. Son las 'fashionistas” de base, que se nutren de las revistas de moda y adoran a Kate Moss; los profesionales de la informática o de las finanzas, que intentan poseer algún símbolo de estatus (un reloj caro, un bolso mítico); pero, sobre todo, los representantes de las clases medias del difunto Tercer Mundo o del mundo comunista, en China, en Brasil, en India, en Rusia, en toda la Europa del Este, que descubren gustosos los encantos del consumo de prendas de vestir. La moda, ¿nuevo opio del pueblo? Algo hay de eso...

En cualquier caso, el fenómeno ha adquirido tal amplitud que el público se ha familiarizado con otros nombres que no son sólo los de los modistos, con otras siglas aparte de las de las casas... Aquí llegan Bernard Arnault y LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy), el número uno mundial del lujo, que posee un abanico de marcas de prestigio, entre las que se encuentran Christian Dior, Louis Vuitton, el champaña Moët et Chandon o los perfumes Guerlain, ¡por sólo citar algunas! Bienvenidos también François Pinault y su hijo François-Henri Pinault, papá del bebé de Salma Hayek y quizás su futuro marido, pero también el dueño de la Fnac y de la Redoute, a la cabeza del grupo PPR (Pinault Printemps Redoute) que se ha convertido en un challenger al tomar el control de Gucci Group (Gucci, YSL, Boucheron, Balenciaga...). Aquí llega Karl Lagerfeld, con su coleta empolvada y sus 42 kilos de menos, en el papel de emperador prodigiosamente inteligente, cultivado y mordaz, excelente 'cliente' de los medios del mundo entero, ¡capaz de provocar memorables tumultos cuando su colección 'Karl para H&M' llegó a los estantes de la cadena! ¡Aplaudan al imperio Zara, capaz de ofrecer tendencia impecable a bajo precio en Dubai o México! ¡Un bravo por el estilo a la última de Mango, otra cadena de moda a la que ya nadie se atrevería a calificar de mala calidad y que se permite el lujo de que estrellas como Milla Jovovich y Penélope Cruz diseñen colecciones para ella!

Todo el mundo, o casi, se ha familiarizado con este universo: los ricos y los no tan ricos, los viejos y los jóvenes, las mujeres y los hombres... A ellos se dirige este libro. Porque son conscientes, en el momento de pasar por caja, de que la dependienta no sólo les mete en la bolsa una chaqueta o un pantalón, un bolso o un cinturón, sino todo un sistema. Así pues, se trata de guiarles para hacerles pasar por detrás de la caja y acompañarles entre bastidores. Los que van en busca de revelaciones escabrosas acerca de las costumbres disolutas de un determinado entorno, acerca de las infamias de un universo despiadado entre delgadísimas maniquíes exangües y creadores lunáticos y de mucho carácter, pueden cerrar este libro: no se trata aquí de alimentar las fantasías sobre un mundo que no es ni más ni menos 'corrupto' que otros, pero en el que, sin duda, la gente se divierte y se apasiona mucho más que en otros. Los que esperan entender las maniobras bursátiles de los grandes grupos y los tratos secretos que se llevan a cabo en las compras de las casas están invitados a abonarse a la prensa económica: es necesario un periódico para seguir los múltiples cambios de dirección de los negocios del lujo... que acaban cansando incluso a los más sagaces observadores.

En cambio, todos aquellos que aman la moda están invitados a pasar. Vamos a intentar explicarles cómo se fabrica actualmente. Y, lo prometemos, incluso hablaremos de alguna infamia y de bastantes cambios. Porque la moda es algo más que un ámbito profesional. Es una corte con sus semidioses y sus pequeñas estrellas, sus genios y sus cortesanos, sus personajes clave y sus parásitos, sus pasiones y sus bajezas, sus apuestas estratégicas y sus pequeñas miserias. Es un salón, es la corte. Es Versalles, versión globalización y mucho dinero. Si les gustó María Antonieta de Sofia Coppola, el mundo de la moda no les decepcionará. Es de color rosa chiclé, como los dulces de la película, decadente y absurdo como la vida de corte, pero no por ello menos divertido. Aquí también, en sordina, en un universo entre algodones, se oyen a lo lejos los ruidos del mundo. La única diferencia: no se conoce -todavía- el final. ¿Tomarán brioche?’

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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