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Las medidas en arquitectura

 

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Largamente esperada, esta nueva edición revisada y actualizada de Las medidas en la arquitectura (Col·legi Oficial d'Arquitectes de Catalunya, 1983) insiste en el carácter atipológico del contenido y continúa dando vigencia al método seguido para fijar las medidas en arquitectura: partir de las dimensiones del ser humano, del alcance de sus gestos y del equipo y mobiliario involucrados para determinar los ámbitos de las actividades que, en la arquitectura cotidiana, pueden resumirse en tres grupos: estancia, circulación y almacenamiento.

Con un claro repertorio de medidas, fácilmente asequible e identificable, seguido de un elenco de actividades con su mobiliario y equipo y un listado de objetos medidos en consonancia, este manual constituye una herramienta de consulta básica tanto para estudiantes como profesionales.

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Descripción técnica del libro:

192 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425226571
2008
Descripción
Descripción

Detalles

Largamente esperada, esta nueva edición revisada y actualizada de Las medidas en la arquitectura (Col·legi Oficial d'Arquitectes de Catalunya, 1983) insiste en el carácter atipológico del contenido y continúa dando vigencia al método seguido para fijar las medidas en arquitectura: partir de las dimensiones del ser humano, del alcance de sus gestos y del equipo y mobiliario involucrados para determinar los ámbitos de las actividades que, en la arquitectura cotidiana, pueden resumirse en tres grupos: estancia, circulación y almacenamiento.

Con un claro repertorio de medidas, fácilmente asequible e identificable, seguido de un elenco de actividades con su mobiliario y equipo y un listado de objetos medidos en consonancia, este manual constituye una herramienta de consulta básica tanto para estudiantes como profesionales.

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Enrique Steegmann (1941) es arquitecto desde 1965 y doctor por la Escola d’Arquitectura de Barcelona, donde ejerce como profesor titular de Proyectos, actividad que alterna con la práctica profesional libre. Es asimismo autor del manual Las medidas de la vivienda y de otras publicaciones, siempre relacionadas con los aspectos programáticos y dimensionales de la arquitectura.
José Acebillo (1946) es arquitecto desde 1975 por l’Escola d’Arquitectura de Barcelona en la que ha ejercido como docente de Proyectos y Urbanismo. Vinculado largo tiempo al Ayuntamiento de Barcelona como máximo responsable técnico de proyectos y infraestructuras, ha sido decano y actualmente es profesor de la Academia de Arquitectura de Mendrisio, Suiza.
Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice de contenidos:

Prólogo a la primera edición
Prólogo a la segunda edición


I Los sujetos dimensionales
         1 Medidas de las personas
         2 Medidas de los animales
         3 Medidas de las plantas
         4 Medidas de los objetos
II Las actividades
         1 Ámbitos de estancia
         2 Ámbitos de circulación
         3 Ámbitos de almacenamiento


Índice analítico
Apéndice bibliográfico
Lee un fragmento
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Texto del prólogo de la primera edición:

'Prólogo

Primera edición, 1983

Manuales e idiosincrasia

A raíz de un concurso convocado en octubre de 1976 por el entonces Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y Baleares, los autores recibieron el encargo de elaborar un manual de medidas en la arquitectura. La Comisión de Cultura de la Junta de Gobierno, que a la sazón iniciaba una labor de catalogación de edificios de valía y guías de arquitectura, advirtió esa laguna. En realidad, nunca se había editado en nuestro país ningún manual de medidas en la arquitectura, con carácter general, desde y para un público español.

Dejando aparte el caso de los Estados Unidos de Norte-américa, algunas naciones europeas mantienen una tradición manualística importante: Alemania, Inglaterra, Italia y Suecia en particular. Dinamarca y Suiza también, aunque en grado menor. La relativa complejidad de los manuales, generalmente dimensionales y tipológicos -y aun a veces constructivos- les confiere una cierta idiosincrasia que les resta utilidad en nuestro país. Pareció pues fuera de duda la conveniencia de la elaboración de un manual que acortara o, mejor, anulara, las distancias geográficas, culturales y económicas que acusan los repertorios dimensionales hoy disponibles, simples traducciones de manuales extranjeros.

Actividades básicas

La desconfianza de la inmanencia de los arquetipos arquitectónicos hizo que los esfuerzos de los autores, desde los primeros borradores, se dirigieran hacia la definición más segura de los estrictos ámbitos funcionales, de las dimensiones críticas de los ámbitos de actividad al margen de cualquier consideración tipológica. Los tipos arquitectónicos definen sin duda unos ámbitos determinados, pero una serie de actividades básicas, sin escenario tipológico concreto, pueden definir a su vez y previamente una amplia gama de ámbitos espaciales. De la esperable inmutabilidad de las medidas antropométricas y por consiguiente de las dimensiones de los objetos de uso involucrados, cabe pensar en la validez intemporal de los ámbitos así definidos.

De forma paralela, no pareció prudente ni aconsejable abordar otra cuestión que la estrictamente dimensional. A lo largo del texto no aparecen ninguna recomendación ni ejemplificación planteadas como guías de diseño o consideraciones programáticas. Únicamente se barajan datos básicos, y aun éstos reducidos al aspecto puramente dimensional y métrico del espacio, como con-secuencia de las exigencias funcionales de las actividades que encuentran en la arquitectura el marco idóneo de su realización. Sin embargo, los autores no ignoran, como no deben ignorar sus lectores, que otras dimensiones configuran el ámbito espacial de las actividades -aquellas que perfilan el confort ambiental del espacio- y que otras dimensiones pueden venir impuestas por consideraciones constructivas, pero el contenido del manual se ofrece a nivel de primera aproximación del problema dimensional y para ello basta sobradamente.

Ámbitos dimensionales

Para la definición de las dimensiones necesarias de los ámbitos de las actividades los autores han partido de las medidas del ser humano, del alcance de sus gestos y de la medida de los aparatos y objetos generalmente involucrados en cada actividad. Los niños, los ancianos y las personas con movilidad reducida comportan en cada tipo de actividad una modificación de los ámbitos definidos para adultos con plenas facultades físicas, por lo que en el estudio de cada actividad se añaden las consideraciones dimensionales correspondientes.

La definición aquí de los ámbitos críticos de las actividades debe entenderse como el límite espacial por debajo del cual no debe esperarse que puedan desarrollarse con comodidad, pero no representa la imposibilidad física del desarrollo de las mismas. Un diseño meticuloso del espacio de una actividad puede reducir con éxito el límite fijado por el ámbito crítico. Partiendo de una determinada incomodidad aceptable se ha venido diseñando tradicionalmente los ámbitos de actividades en situaciones especiales tales como la toilette de yates, coches-cama o aeronaves de pasajeros.

El ámbito crítico aparece como una garantía aunque, como es lógico, no constituye por sí solo una garantía de éxito en el desarrollo de la actividad, ya que -como se ha indicado- a los requerimientos estrictamente dimensionales es necesario añadir muchos otros de muy diversa naturaleza -confort ambiental, tipos de mobiliario y de equipamiento, etc.- y no todos los requerimientos dimensionales se deducen directamente de las diversas actividades. La envolvente arquitectónica, la propia construcción con sus componentes orgánicos (estructura, cerramiento, particiones, instalaciones, etc.) obedece a una propia disciplina dimensional, generalmente coordinada, y en el caso de industrialización incluso modulada, que impone a veces sus magnitudes a las estrictamente lógicas de los ámbitos de actividad.

Tolerancias, construcción y arquitectura

Aparte de estas otras particularidades mencionadas -ambientación y construcción- existe, en la definición de los ámbitos espaciales de las actividades, una tolerancia dimensional. Geoffrey Broadbent, teórico del diseño arquitectónico, cita el conocido aforismo de Sullivan ‘La forma sigue a la función’ para plantearse inmediatamente ‘¿en qué medida?’. Ninguna actividad ocupa todo el volumen disponible para ella. Se conceden considerables tolerancias entre los usuarios, su equipo y mobiliario, etc. y el espacio que los envuelve. Existen para ello razones fisiológicas y psicológicas que se refieren, aparte de a razones higiénicas, a las variaciones en las dimensiones humanas, las configuraciones del movimiento y, sobre todo, a las expectativas perceptivas. Lo más corriente es que la labor arquitectónica sea diseñar esa tolerancia y no una forma que se ajuste a la función.

La clasificación de los ámbitos parte de la naturaleza de las actividades: en situación de estancia, circulación y almacenamiento. En su determinación dimensional se ha procurado conseguir un cierto nivel de asepsia, un distanciamiento de las implicaciones o contenidos tipológicos, con el fin de conferirles validez en cualquier situación, de hacer posible su aplicación universal. Las implicaciones dimensionales derivadas del tipo de edificio son precisamente el objeto de una serie de sucesivos manuales que éste encabeza y da sentido(*).

Estar, circular, almacenar

Las actividades elementales de estancia engloban un abanico muy amplio, pero según el destino de la edificación se agrupan en un número más reducido de funciones. La definición de un ámbito dimensional no es siempre posible, pues hay actividades que no requieren ninguna organización especial del espacio. Por citar algún ejemplo, en el caso concreto de la vivienda, actividades como fumar o leer no pueden considerarse funciones, y salvo casos excepcionales, no comportan ámbitos específicos. Por supuesto que leer es una función básica en otro tipo de edificios, como las bibliotecas, y entonces sí determina una organización especial del espacio; pero en todo caso, amén de las peculiaridades que vayan anexas, el ámbito personal de lectura sí puede determinarse, aunque sea asimilando el mecanismo que se ha utilizado aquí para otras actividades, es decir, la consideración de los datos antropométricos y las medidas del equipo.

Las actividades de circulación deben entenderse como el movimiento de personas y vehículos y el traslado de objetos. Las personas suelen moverse de una situación estancial a otra. A veces comporta salir, y entrar, de un edificio, lo que lleva a distinguir la circulación interna de la acción de entrar o salir al exterior.

El traslado de objetos, así como de mobiliario o equipo, es menos frecuente, pero su posibilidad exige dimensionar los ámbitos en correspondencia. El frecuente uso de vehículos incide particularmente en la determinación de estos ámbitos.

En las actividades de almacenamiento cabe disponer todas aquellas de depósito de objetos o bienes que circunstancialmente no se usan o no se consumen.

Espacios y formas de vida

Otros autores, si bien con otros fines, han establecido otros modos de clasificación de las actividades. A la mención de la clásica clasificación racionalista de distinguir las actividades en las que prevalecen las exigencias individuales -de reposo, aseo, educación y ocio personales- de aquellas que por contraste resultan ser exigencias colectivas, deben añadirse al menos las contribuciones de Habraken y Lamure.

Nikolaas J. Habraken - arquitecto conocido por su preo-cupación por el tema de la participación en el proceso de diseño de los usuarios de la vivienda producida masivamente, de la personalización, en fin, de la vivienda- partiendo de su propio contexto teórico, ‘el diseño de soportes’, clasifica las actividades por el tipo de espacios que requieren. Distingue en consecuencia, espacios de servicio, que se destinan a cortas ocupaciones, son de carácter utilitario y su tamaño y disposición pueden determinarse basándose en un análisis de sus funciones -es el caso, por ejemplo, del cuarto de baño-, espacios para usos especiales, que se ocupan durante ciertos períodos de tiempo y cuyas dimensiones pueden determinarse en base a un análisis de su función -es el caso de la cocina o los dormitorios- y espacios para usos generales, que permiten una combinación de actividades que no siempre pueden determinarse con antelación -es el caso de la sala de estar, del comedor o del recibidor-. El autor no cita explícitamente los espacios de almacenamiento y circulación, si bien tal omisión se hace comprensible si se sigue atentamente la estrategia proyectual que propone.

Otro estudioso de la vivienda, Claude Lamure, -y obsérvese que los otros esfuerzos de clasificación de las actividades provienen únicamente del campo específico de la proyectación de la vivienda- aporta del campo de la psicología de la conducta el concepto de forma de vida de una familia, para distinguir entre funciones básicas y funciones de forma de vida. Estas últimas son contingentes y dependen de circunstancias tales como el lugar de residencia, de la época o de la población; no obstante, tienen su importancia y trascienden hasta modificar in-clu-so el marco físico de la vivienda. Cita entre las básicas: el sueño, la comida diaria y su preparación, el cuidado de la ropa, la higiene personal y el almacenamiento de enseres y pertenencias. Cita entre las de forma de vida: ver la televisión, recibir amigos y huéspedes, el ocio personal y colectivo, el juego de los niños y las labores diversas.

Otros modos de clasificación

Las clasificaciones citadas de las actividades, al margen de lo aquí expuesto, han partido de los espacios que usan, del grado de privacidad y de su adscripción o no a formas de vida. Los métodos o motivos de clasificación de las actividades podrían seguir de forma indefinida, pero hay algunos que cabrá mencionar:

1. La dependencia de equipo fijo o maquinaria conectados a la red de servicios esencialmente agua, gas, desagües y ventilación.
2. La generación, o no, de perturbaciones; la sensibilidad, o no, a las perturbaciones, esencialmente ruido y olor.
3. La limpieza o la suciedad. La producción de desperdicios.
4. El momento, la duración, el ritmo y la frecuencia de la actividad. La secuencia ininterrumpida de su desa-rrollo o la posibilidad de interrupción.

Es importante conocer las características de cada actividad -y sin duda para ello bastará su análisis en base a los motivos aducidos para la clasificación de las actividades- pues su simultaneidad en el tiempo o su solapamiento en el espacio son hoy día inevitables. En realidad, todos los esfuerzos de clasificación funcional proceden de la superposición de las actividades y, en particular, la investigación en el diseño de la vivienda de la clarificación de sus relaciones. La multiplicación actual de las actividades y la reducida extensión de las viviendas conllevan a esta situación. El solapamiento implica la coexistencia de actividades -simultáneas o no- en un lugar. Una actividad principal adjetiva el lugar que podrá o no albergar otra u otras compatibles. La coexistencia podrá o no modificar el ámbito de la actividad principal, pero en cualquier caso la compatibilidad se determinará en base a la globalidad de los criterios antes aducidos.

Equipo y mobiliario

Se ha mencionado con anterioridad el criterio seguido por los autores para la clasificación de las actividades en este manual, pero su cuantificación -la dimensión del ámbito, en nuestro caso- ofrece nuevos problemas.

Hay una serie de actividades que -bien por su precisión o por el equipo involucrado- son fácilmente cuantificables. La definición del ámbito de actividad no ofrece otras dificultades que las de la adecuación ergonómica o gestual. Es el caso de los ámbitos de circulación, almacenamiento y de aquellos de estancia en los que interviene un equipo fijo o un mobiliario de tamaño considerable, o sea, el aseo personal, el descanso, la preparación y el consumo de las comidas y el cuidado de la ropa.

En la determinación del ámbito de las actividades en las que interviene un equipo fijo o un mobiliario de tamaño considerable, no se atiende únicamente al uso, sino también a la limpieza, la manutención, la reparación y la instalación inicial o su reposición.

Pero existen otras actividades, ciertamente no de menor importancia, en las cuales la fijación de dimensiones re-sulta, cuanto menos, comprometida, pues a la pura función física se unen aquí de manera sustancial funciones de forma de vida. En estricta paridad con aquéllas no es posible fijar su ámbito; otras dimensiones son aquí primordiales. Caso de citarlas -y con mayor propiedad en la serie de manuales de dimensiones en tipos de edificios- sólo se expresan a título indicativo o de tendencia, a partir de las composiciones habituales de mobiliario.

* Unicamente se llegó a editar Las medidas de la vivienda.'

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Texto del prólogo de la segunda edición:

Prólogo

Segunda edición, 2007

Transcurridos 24 años desde la primera edición, auspiciada por el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, poco a rectificar y menos añadir al texto de entonces. Traspasado el umbral del establecimiento neoterciario, en plena globalización de usos y costumbres, el método seguido para determinar el carácter y los ámbitos de las actividades no ha perdido vigencia. Aunque a remolque de una inevitable apreciación cultural y subjetiva de las dimensiones, establecer la magnitud de un ámbito de actividad a partir de las medidas de la persona, del alcance de sus gestos y de las medidas y prestaciones del mobiliario y del equipamiento involucrados, sigue siendo, al parecer, una apuesta sensata si uno enmarca la labor proyectual bajo los paradigmas de la eficiencia funcional, el rigor constructivo y la sobriedad económica.

Con todo y pese a lo parco de la alteración de lo escrito entonces, la revisión a fondo de los contenidos nos ha llevado a una serie de reflexiones que creemos debemos exponer:

Las medidas de las personas y de los objetos:

En el lapso transcurrido desde 1983 se constata en toda Europa que tanto los niños como los adultos se han hecho más grandes y más gruesos.

Esto naturalmente provoca problemas de adaptación de muy diversa índole, como los asientos de los aviones y las tallas de los vestidos. El cuerpo femenino se ha hecho más recto, con menos curvas, más alto y más grueso, mientras que los hombres han ensanchado sus espaldas. Las mujeres pesan 2 kg más y los hombres 4 kg.

Asimismo el mobiliario ha crecido en consecuencia, pero también por cuestiones de estatus pese a la reducción evidente del tamaño de la vivienda. El que entonces era el colchón estándar de 80 x 180 cm ha dejado paso al colchón de 90 x 190 cm, pero si entonces era posible encontrar un sillón confortable de 80 x 80 cm de planta, ahora, sin aumentar la superficie del plano del asiento, difícilmente se inscribe un sillón en un cuadrado menor de 90 x 90 cm. Sólo la capacidad del lavavajillas ha frenado el crecimiento de los platos como sólo la graduación posible de las anaqueles de las librerías ha limitado el crecimiento galopante de los libros ilustrados. Sólo ha disminuido el formato de los periódicos y todo lo relacionado con el mundo de la información, la telecomunicación y la reproducción musical.

Ahora lo diminuto convive con lo gigantesco en un mismo escenario. El microcoche de apenas 250 cm de largo disputa la calzada al megavehículo todo terreno de más de 500 cm. Pese a la mayor talla de los europeos, las inmigraciones masivas han vuelto a equilibrar la balanza. En antropometría y en la miscelánea de objetos y vehículos la ocupación de los márgenes extremos ha aplanado significativamente la campana de Gauss.

Pese a ello los autores hemos decidido mantener en 450 cm la longitud del vehículo de turismo tipo en el convencimiento que la futura estricta legislación sobre emisión de gases ha de contener la tendencia actual de incrementar la potencia de motorización de los vehículos y contener asimismo sus dimensiones sin menoscabo de su capacidad, seguridad y confort.

El espacio culinario y el aseo personal:

La cocina funcional ha perdido predicamento. La cocina ha dejado de ser un laboratorio casero porque la preparación de las comidas escapa a menudo de las pautas racionales para inscribirse de lleno en las formas de vida. La mesa central con los fogones no es una extravagancia, es la manera de poder iniciar la reunión familiar antes de sentarse a la mesa. Pero también la vida moderna conlleva prisas y cesuras. El servicio de comidas a domicilio, los precocinados, los congelados y el microondas pero también el mantel camino para el servicio de mesa son la lógica consecuencia. En pocos momentos se le saca partido al moderno y extenso equipamiento, robotizado en algún caso, de la cocina de hoy.

La gradual reconquista de la casa que caracteriza el nue-vo espacio culinario no tiene todavía correlato en el aseo personal. El plato de ducha –también la cabina de hidromasaje- va sustituyendo la bañera que sólo se usa raras veces. Cierto que los catálogos ofrecen bañeras portentosas, pero el cuarto de baño sigue siendo una pieza interior, oscura y poco ventilada, mal escenario para el placer o el relax.

La sociedad de la información:

Internet y la telefonía móvil están revolucionando las costumbres. La banda ancha y la cobertura se reclaman ya con la misma vehemencia que el camino de acceso asfaltado. Al tejido polimorfo de la ciudad se les suman ya los escenarios virtuales de la red. Ningún establecimiento ni vivienda alguna pueden prescindir de la conexión planetaria. El nodo personal y los servidores hacen ya posible el teletrabajo sin ubicación precisa, pero también el acceso a los servicios y los bienes de consumo. Cuesta imaginar todas las posibilidades del sistema.

Sin embargo, el cuerpo humano siempre impondrá sus límites. La interfase final vista/oído, imagen/sonido siempre precisará de una pantalla y de un altavoz, algo que transforme los impulsos eléctricos en luz y sonido. La pantalla -quizá más adelante el holograma- podrá ser más o menos grande y los altavoces más o menos numerosos. Podrán ser individuales, portátiles, colectivos, diminutos o gigantescos, pero marcarán con su presencia cualquier escenario doméstico. Un nuevo e inevitable perfil a añadir hasta los ahora posibles ámbitos del trabajo personal y colectivo.

Las prescripciones normativas:

Ya desde antiguo las ordenanzas de edificación establecen relaciones entre programas de uso y superficies mínimas. Pero de un tiempo a esta parte la normativa de nueva generación que regula aspectos de la edificación como la funcionalidad, la seguridad, el confort, etc., establece incisivamente dimensiones y pautas de diseño que ya no es posible ni razonable soslayar. Por ahora nada de lo aquí recomendado contraviene normativa alguna, pero para la fijación dimensional de los ámbitos también será necesario mantener una atención paralela a la legislación vigente. El nuevo Código Técnico de la Edifica-ción, junto a la exigencia de ciertas prestaciones, prescribe pautas dimensionales y de diseño. Considera-ciones pertinentes sobre la salubridad, la seguridad y el confort de las edificaciones añaden ahora determinaciones dimensionales en ámbitos de uso y circulación cuando no establecen además prescripciones dimensionales so-bre los componentes y los elementos constructivos.

Pero el Código Técnico de la Edificación -con una encomiable convergencia hacia la definición de un eurocódigo -no resume sino que viene a añadirse a la prolija maraña legislativa, a menudo contradictoria, que afecta el mundo de la arquitectura. Los autores no pretenden con este manual encauzar el borbotón normativo vigente, pero sí ofrecer al proyectista una herramienta útil en algún momento de la toma de decisiones.’

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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