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Fotografía, antropología y colonialismo (1845-2006)

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24,04 €

Esta antología reúne una treintena de ensayos seleccionados por Juan Naranjo que, estructurados de forma cronológica en tres grandes apartados -medir, observar y repensar- conforman las diversas concepciones antropológicas a través de las cuales asistimos a la evolución histórica de la interrelación entre fotografía y antropología.

En la selección encontramos textos publicados por naturalistas, antropólogos, fotógrafos, historiadores, críticos y teóricos tan relevantes como: E. R. A. Serres, Ernest Conduché, Ernest Lacan, Elizabeth C. Agassiz, Louis Agassiz, Thomas Henry Huxley, J. H. Lamprey, Gustav Fritsch, Edward B.Tylor, Francis Galton, M. P. Broca, Gustave Le Bon, Eugène Trutat, Arthur Batut, Alphonse Bertillon, E. F. im Thurn, M. V. Portman, Albert Londe, Franz Boas, Bronislaw Malinowski, John Collier Jr., Margaret Mead, Gregory Bateson, Claude Lévi-Strauss, Iskander Mydin, Luis Calvo, Josep Mañà Oller, Victor Burgin, Malek Alloula, Theresa Harlan, Elizabeth Edwards, Christopher Pinney y Marta Gili, los cuales nos ofrecen una visión panóptica de cómo la fotografía ha sido un instrumento fundamental para el estudio y la categorización del otro.

Descripción técnica del libro:

13 x 20cm
360 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425220005
Rústica
2006
Descripción
Descripción

Detalles

Esta antología reúne una treintena de ensayos seleccionados por Juan Naranjo que, estructurados de forma cronológica en tres grandes apartados -medir, observar y repensar- conforman las diversas concepciones antropológicas a través de las cuales asistimos a la evolución histórica de la interrelación entre fotografía y antropología.

En la selección encontramos textos publicados por naturalistas, antropólogos, fotógrafos, historiadores, críticos y teóricos tan relevantes como: E. R. A. Serres, Ernest Conduché, Ernest Lacan, Elizabeth C. Agassiz, Louis Agassiz, Thomas Henry Huxley, J. H. Lamprey, Gustav Fritsch, Edward B.Tylor, Francis Galton, M. P. Broca, Gustave Le Bon, Eugène Trutat, Arthur Batut, Alphonse Bertillon, E. F. im Thurn, M. V. Portman, Albert Londe, Franz Boas, Bronislaw Malinowski, John Collier Jr., Margaret Mead, Gregory Bateson, Claude Lévi-Strauss, Iskander Mydin, Luis Calvo, Josep Mañà Oller, Victor Burgin, Malek Alloula, Theresa Harlan, Elizabeth Edwards, Christopher Pinney y Marta Gili, los cuales nos ofrecen una visión panóptica de cómo la fotografía ha sido un instrumento fundamental para el estudio y la categorización del otro.

Juan Naranjo (Barcelona, 1960) es historiador y comisario independiente. Su línea de investigación se ha centrado en las diferentes funciones que ha desempeñado la fotografía a lo largo de la historia. Entre las exposiciones que ha comisariado se encuentran: La fotografía en España en el siglo XIX; Las fotografías judiciales del Archivo de Julián de Zugasi, 1870; El museu domèstic. Un recorregut per les fotografies d'Antoni Amatller; Joaquim Gomis; Cesar Domela y les avantguardes fotogràfiques a Espanya 1925-1945. Es miembro de la comisión asesora del departamento de fotografía del Museu Nacional d'Art de catalunya y colaborador de la revista Exit Book.
Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice de contenidos:


Prefacio

Introducción. Medir, observar, repensar.
Fotografía, antropología y colonialismo (1845-2006) (Juan Naranjo)

Medir
         
Antropología comparada.
La aplicación de la fotografía
al estudio de las razas humanas (1845) (E. R. A. Serres)
         
Fotografía antropológica (1852) (
E. R. A. Serres
)
         
La fotografía en el museo de historia natural (1855) (Ernest Conduché)
         
La fotografía y la antropología (1858) (Ernest Conduché)
         
Apuntes fotográficos a propósito
de la Exposición Universal y la Guerra de Oriente (1856) (Ernest Lacan)
         
Viaje por Brasil (1868) (Elizabeth C. Agassiz y Louis Agassiz)
         
Carta a lord Granville (1869) (Thomas Henry Huxley)
         
Acerca de un método de medición
de la forma humana para uso
de los estudiantes de Etnología (1869) (J. H. Lamprey)
         
Revista de Etnología (1870) (Gustav Fritsch)
         
Álbum etnológico-antropológico
en fotografías de C. Dammann (1874) (Gustav Fritsch)
         
Fotografías de razas, de Dammann (1876) (Edward B.Tylor)
         
Retratos compuestos (1878) (Francis Galton)
         
Instrucciones generales
para las investigaciones antropológicas (1879) (M. P. Broca)
         
Aplicaciones de la fotografía
a la antropología: fueguinos
del Jardin d’acclimatation (1881) (Gustave Le Bon)
         
La fotografía aplicada
a la historia natural (1884) (Eugène Trutat)
         
La fotografía aplicada
a la producción del tipo, de una familia,
de una tribu o de una raza (1887) (Arthur Batut)
         
La fotografía judicial (1890) (
Alphonse Bertillon
)
         
Aplicaciones de la cámara
en antropología (1893) (E. F. im Thurn)
         
Fotografía para antropólogos (1896) (
M. V. Portman
)
         
La fotografía moderna (1896) (Albert Londe)

Observar
         

La etnografía de Franz Boas.
Cartas y diarios escritos
en la costa noroeste entre 1886 y 1931 (Franz Boas)
         
Diario de campo en Melanesia (1922) (
Bronislaw Malinowski
)
         
Antropología visual. La fotografía
como método de investigación (1967) (John Collier Jr. )
         
Sobre el uso de la cámara fotográfica
en antropología (1977) (Margaret Mead y Gregory Bateson)
         
Nostalgia del Brasil (1994) (Claude Lévi-Strauss)

Repensar
         
Imágenes históricas, públicos cambiantes (1992) (Iskander Mydin)
         
El valor antropológico de la imagen.
¿Hacia el 'homo photographicus'? (1994) (Luis Calvo Calvo y Josep Mañà Oller)
         
La imagen fragmentada (1996) (Victor Burgin)
         
Desde el harén colonial (1998) (Malek Alloula)
         
Ajuste de enfoque
para una presencia indígena (1998) (Theresa Harlan)
         
Replantear la fotografía
en el museo etnográfico (2001) (Elizabeth Edwards)
         
Anotaciones desde la superficie de la imagen.
Fotografía, poscolonialismo
y modernidad (2003) (Christopher Pinney)
         
La razón habla y el sentido muerde (2004) (Marta Gili)

Fotografías

Biografías

Bibliografía
 
Lee un fragmento
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Texto del prefacio:

‘Prefacio

La finalidad de este libro es llenar el gran vacío existente en España en cuanto a las publicaciones dedicadas a la relación entre la fotografía y la antropología, especialmente, en lo que hace referencia a la cuestión histórica. Para este volumen, se han recuperado y traducido más de una treintena de textos de muy diversos observadores: naturalistas, antropólogos, fotógrafos, críticos, historiadores y sociólogos, pertenecientes a distintos países. Se permite así acceder a algunos de los textos fundamentales que tratan la relación entre la fotografía y la antropología; textos que, en su mayoría, aparecieron originalmente en revistas o libros que no suelen encontrarse en las bibliotecas españolas convencionales ni en las virtuales, y que muchas veces tampoco volvieron a publicarse en su idioma original.

Fotografía, antropología y colonialismo (1845-2006) es una de las primeras tentativas de recopilación de textos históricos en este sentido. Los textos han sido seleccionados por su valor a la hora de ilustrar los diferentes apartados conceptuales en los que se ha estructurado el libro -medir, observar y repensar-; apartados que responden a algunas de las grandes concepciones antropológicas que ha habido desde la presentación pública de la fotografía en 1839. En la mayor parte de los casos, estos textos se han traducido de forma íntegra, respetando las referencias a las láminas o imágenes originales, aun cuando no nos haya sido posible incluirlas, y sólo se han fragmentado aquellos que por su tema o su extensión excedían el objetivo de esta antología. El libro se ha organizado de forma cronológica, lo que permite obtener una amplia visión histórica del papel que ha desempeñado la fotografía como instrumento para el estudio y la categorización del otro.

En primer lugar, quiero agradecer a la Editorial Gustavo Gili y, muy especialmente, a Mónica Gili y Carme Bordas su interés y su labor pionera al incluir dentro de la colección FotoGGrafía un libro de estas características. Asimismo, agradezco los consejos de Luis Calvo Calvo y Elizabeth Edwards, y la colaboración de: Constancia Alcaraz, Elisenda Ardèvol; Anne Barrett, del Imperial College de Londres; Marta Gili; Emma Laind, de la Photographer’s Gallery de Londres; Dominique Locatelli, de la Biblioteca de la Universidad Santé de Lyon; Ana Perera; Salvadó Tió, Chris Wright, Claudine Pouret, de la Académie des Sciences de París. Finalmente, doy las gracias a los autores de los textos y de las imágenes, así como a las personas e instituciones que nos han permitido reproducirlos.’

Copyright del texto: Juan Naranjo
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Texto de la introducción:

‘Introducción

Medir, observar, repensar. Fotografía, antropología y colonialismo (1845-2006)

Juan Naranjo

Medir

Los avances en las técnicas de impresión iniciados a principios del siglo xix hicieron posible una expansión sin precedentes en la circulación de imágenes impresas, siendo la producción de este siglo superior a la realizada en todos los siglos anteriores. Este hecho, junto a la proliferación de la utilización de dispositivos ópticos, tanto en el ámbito público como el privado, modificaron los hábitos sociales e introdujeron cambios en la transmisión y en la recepción de la información, en un período que podemos considerar como el origen de la cultura visual. Con anterioridad, las imágenes impresas habían desempeñado un papel fundamental en el estudio de la ciencia y del arte al propiciar la homogenización de la información visual, ya que las estampas son comunicaciones gráficas que pueden ser repetidas de forma exacta. Pero, generalmente, éstas eran incluidas en libros de tirada muy restringida, y no es sino a partir de la segunda mitad del siglo xix cuando aumenta de forma notable la densidad iconográfica al crearse una industria visual.

La fotografía desempeñó un papel fundamental en esta transformación cultural, en que la imagen fue ganando terreno a la palabra impresa, ya que éste es uno de los medios en que más se desdibujan las fronteras entre la realidad y su representación. La identidad ilusoria que crea la fotografía entre el objeto y su imagen, junto con su gran capacidad de multiplicación, la convirtieron en uno de los medios de representación gráficos con una mayor penetración social. Su capacidad de evocación y su rapidez en la ejecución sedujo a los antropólogos, quienes a pesar de las limitaciones de los procedimientos fotográficos durante este período, adoptaron esta nueva tecnología para realizar sus estudios. El naturalista Sabin Berthelot fue uno de los primeros en utilizar la fotografía con fines antropológicos. En 1842, en su obra Histoire naturelle des îles Canaries, se reprodujeron, con el procedimiento litográfico, unas imágenes de cráneos y dos retratos de Type vivant para ilustrar sus teorías sobre la raza canaria, basadas en los daguerrotipos encargados a Bisson fils, entre 1841 y 1842. Al mismo tiempo, el frenólogo Pierre-Marie-Alexandre Dumoutier, habiendo regresado a París tras participar en una expedición al polo Sur y Oceanía, comisionó a los mismos fotógrafos la reproducción, por medio del daguerrotipo, de los cráneos que había recogido y de los moldes de bustos de diferentes poblaciones encontradas. Estas reproducciones sirvieron de base para realizar las litografías del Atlas de Voyages au póle Sud et dans l´Oceanie sur les corvettes L’Astrolabe et la Zélée, publicado en 1844. En ese mismo año, E. Thiesson llevó a cabo una serie de daguerrotipos de indios botocudos (Brasil), y Etienne-Renaud-Agustin Serres (director de la cátedra de anatomía e historia natural del hombre en el Museo del Jardin des Plantes de París) se basó en ellos para escribir su texto Anthropologie comparée. Observations sur l’application de la photographie à l’étude des races humaines. Serres señala como una de las grandes carencias de la ciencia antropológica la ausencia de un museo que permitiese avanzar en su desarrollo, y propuso como solución un innovador programa museístico en el que la fotografía desempeñaba un importante papel para su estudio y su avance: ‘[...] cuando se observan los progresos recientes y extremadamente rápidos de la zoología, vemos que parten de la época en que los grandes museos, fundados en distintos lugares del mundo culto, permitieron a los zoólogos reemplazar las descripciones siempre insuficientes por el examen directo y comparativo de los objetos de sus estudios. Los antropólogos, al carecer de este examen comparativo y directo [...] entrevimos la gran utilidad de un museo fotográfico de las razas humanas para el progreso de la antropología y para la enseñanza de esta ciencia’.

E. T. R. Serres elaboró una revolucionaria concepción museística, que podemos considerar como el primer programa de antropología visual, ya que la fotografía permitía obtener de una forma fácil, económica y precisa un gran número de muestras con las que comparar y determinar los caracteres de la raza humana y su variedad. Su propuesta se basaba en el procedimiento del daguerrotipo, de ese modo, los que tenían que estudiar los diferentes tipos que componían la raza humana no tendrían que realizar viajes a otros continentes, sino desplazarse físicamente hasta el museo. No fue hasta la década de los cincuenta del siglo xix cuando los antropólogos y la burguesía en general pudieron crear en sus gabinetes o en sus hogares museos domésticos que podían llegar a sustituir el museo descrito por E. T. R. Serres. Los avances en los procedimientos fotográficos facilitaron la creación de una importante industria fotográfica, lo que posibilitó la comercialización a gran escala de fotografías a precios económicos en décadas posteriores. Se inició así un proceso de democratización de la información visual y la virtualización, puesto que la adquisición de fotografías permitió sustituir la experiencia directa por la observación virtual. Tal proceso puede compararse al que en nuestra época, ha desencadenado Internet al permitir acceder a los contenidos de cualquier museo desde cualquier lugar, visitar los parajes más remotos e inaccesibles, familiarizarse con la imagen de todo tipo de celebridades y personajes exóticos o realizar via-jes virtuales, tal como describió Oliver Wendell Holmes en su artículo ‘Sun-Painting and Sun-Sculpture’, publicado en The Atlantic Monthly, en 1861.

La expansión de la industria fotográfica y el gran incremento en el consumo de fotografías llevó a las empresas fotográficas a ampliar su oferta y, en un intento de inventariar y reducir el mundo a una imagen bidimensional, se enviaron fotógrafos a documentar los lugares más lejanos del planeta. Al mismo tiempo, en estos apartados sitios se abrieron numerosos estudios fotográficos que, en ocasiones, cumplían una doble función: por un lado, fotografiar a la burguesía local, a los colonos, a los misioneros, a los marineros y a los militares que estaban de paso; y, por otro, fotografiar tipos locales para que viajeros y turistas pudieran adquirir estas imágenes. Otra de las formas con las que los estudios fotográficos incrementaron su catálogo de personajes exóticos sin realizar grandes desplazamientos fue aprovechar la gran movilidad intercontinental que había generado la actividad colonial y fotografiar a los diferentes tipos humanos que se concentraban en las principales ciudades y puertos, así como a los miembros de las embajadas o de las delegaciones comerciales o militares, y a aquéllos que participaban en las exposiciones universales, internacionales o coloniales celebradas en las grandes ciudades europeas.

Tanto la comercialización de fotografías de tipos raciales, como la documentación fotográfica realizada por viajeros, cónsules, militares, etc., proporcionaron una buena cantidad de imágenes que fueron utilizadas por los antropólogos para realizar sus investigaciones, ya que éstos normalmente no hacían trabajo de campo, sino que realizaban sus estudios a partir de los datos que les facilitaban los etnógrafos. La gran circulación de fotografías familiarizó tanto a la clase científica como a la burguesía de la época con la imagen del otro.

No obstante, algunos científicos vieron que la mayor parte de fotografías de tipos raciales que existían no servían para realizar sus estudios, dado que normalmente tenían una función comercial. Habían sido hechas para que las adquiriesen viajeros y turistas o para satisfacer la demanda de consumidores románticos de las principales capitales europeas, por lo que no se habían realizado siguiendo unas pautas preestablecidas que sirviesen para estandarizar la información y facilitar la comparación. Tal como señaló el biólogo Thomas Henry Huxley: ‘Aunque ya existe un gran número de fotografías etnológicas, se pierde mucho de su valor al no haber sido tomadas uniformemente y con un plan bien estudiado. El resultado es que raramente son mensurables o comparables con otras y que no logran dar información precisa respecto a las proporciones y la conformidad del cuerpo’. Por ello T. H. Huxley y John Lamprey crearon métodos en los que se fusionaban la antropometría y la fotografía; Francis Galton y Arthur Batut experimentaron con la superposición de retratos para visualizar los rasgos tipo que definían a una tribu o una raza; y Alphonse Bertillon creó un sistema que fue aplicado a la identificación de delincuentes en el que se combinaban una fotografía de frente y otra de perfil junto con toda una serie de medidas y descripciones físicas que hacían único a cada individuo.

Algunas de las fotografías etnológicas que se comercializaban, aparte de no haber sido realizadas bajo parámetros científicos, como había señalado T. H. Huxley, presentaban otros inconvenientes que preocuparon a los antropólogos de la época y que tenían que ver con la europeización de las tribus ‘salvajes’. El rápido proceso de expansión colonial que se dio en el siglo xix conllevó la contaminación o a la reducción a los estándares de comportamiento europeo de algunas tribus o, en el peor de los casos a su casi exterminación. Por ello, estudiar y documentar a las nuevas tribus, se convirtió en una prioridad para los antropólogos ingleses, tal como manifiestan en el Manual of Ethnological Enquiry y en Notes and Queries on Anthropology. No obstante, gran parte de este tipo de fotografías reproducían todo tipo de fantasías relacionadas con el orientalismo y otros exotismos, y fueron utilizadas para crear identidades estereotipadas que complacían a los consumidores románticos europeos. Paradójicamente, a una parte de la comunidad científica, pareció no importarle demasiado utilizar para las observaciones un material en el que se había proyectado una imagen idealizada, más vinculada a las fantasías de la literatura romántica que a la realidad de los personajes representados.

Es posible que, desde la mentalidad de la época, aquellas recreaciones no fuesen percibidas como tales y, en cualquier caso, mostraban la parte más primitiva, no la contaminada. Otra posible causa de que estas fotografías no fuesen desechadas a pesar de todos los inconvenientes que presentaban, fue que los antropólogos basaban sus estudios en el análisis más superficial del hombre, en su morfología anatómica, y que la fotografía era el medio de representación visual que ofrecía más precisión y credibilidad: ‘Cierto es que en tiempos anteriores algunos artistas se tomaron la molestia de dibujar cuidadosamente retratos raciales [...] pero la mayor parte de los tipos raciales que figuran en los libros carecen de valor porque no permiten definir los caracteres especiales de la raza o porque los caricaturizan de un modo absurdo’. Al combinar la fotografía con la antropometría pudieron obtenerse medidas estandarizadas sobre el cuerpo humano, lo que permitió la comparación y, al mismo tiempo, reunir de forma económica una gran cantidad de información. Así lo atestigua el álbum Anthropologish-Ethnologische Album in Photographien, realizado por Carl Dammann en 1873-1874 por encargo de la Berliner Gesellschaft für Anthropologie, Ethnologie und Urgeschichte. Más de 600 fotografías convertían esta publicación en un museo portátil sobre las diferentes razas humanas. Éstas fueron, posiblemente, las causas por las que estas fotografías no se consideraron caricaturas y no fueran desechadas por los antropológos en sus estudios.

Las recreaciones del entorno en el que vivían y las formas de vida de las poblaciones tomadas como inferiores fueron algo bastante habitual tanto en exposiciones universales, etnográficas o coloniales como en otros espacios. Este tipo de exposiciones, que estaban a caballo entre el espectáculo y la divulgación, sirvieron para que la comunidad científica pudiese estudiar y documentar las tribus más lejanas sin tener que hacer grandes desplazamientos. Pero, ¿qué hay de cierto en las costumbres y en las formas de vida de estas poblaciones que son presentadas como inferiores? Y ¿cuánto tienen que ver con las representaciones teatrales? El marqués del Bergel realizó una serie de fotografías, una de las cuales representa a un personaje con la indumentaria que podemos asociar a lo que en la época era tomado como un ‘salvaje’ y, por el entorno en el que está enmarcado, podemos llegar a pensar que fue tomada en un exótico y lejano país. Pero al consultar las publicaciones del 1887, nos encontramos con que las fotografías del marqués fueron utilizadas para ilustrar un texto sobre la Exposición de Filipinas y se habían tomado en Madrid. Al continuar leyendo el artículo, se rompe del todo el espejismo, pues en un intento de dignificar la imagen del personaje retratado, el autor nos muestra el otro lado del espejo: ‘El tinguian Purganan, el de nuestro grabado, aunque toma parte en las danzas y usa hábitos de su país, es persona ilustrada, de carácter bondadoso y esmerada educación. Es maestro de escuela y ejerce una influencia extraordinaria sobre sus compañeros’. Nada más lejano de la realidad del personaje que la fotografía en la que es representado. En ella ejerce de salvaje amateur o de fin de semana para la comunidad científica o para los espectadores occidentales. La ambivalencia de la fotografía, su capacidad para documentar, evidenciar o mentir ha llevado a una serie de historiadores y críticos en las últimas décadas, a repensar el papel desempeñado por la fotografía y otros productos culturales en la construcción de identidades estereotipadas durante el período de la dominación colonial y ha animado a artistas, como Joan Fontcuberta, a cuestionar con su obra la objetividad de la fotografía y el discurso científico.

Observar

En los años ochenta del siglo xix, se produjo otra gran revolución en el ámbito fotográfico. La simplificación de los procedimientos, la reducción del tamaño de las cámaras y el abaratamiento de sus costes permitieron acceder a la fotografía a un amplio espectro de la sociedad. Arquitectos, ingenieros, naturalistas o antropólogos pudieron realizar ellos mismos la documentación fotográfica de sus investigaciones, sin tener que comisionar a fotógrafos profesionales para que realizasen este trabajo.

Esta revolución fotográfica coincidió con importantes cambios en la concepción de la antropología. Hasta finales del siglo xix la tarea del recopilador de datos que estudiaba a las tribus en los lugares de origen, recaía normalmente en misioneros, cónsules, militares, etc. Y esta figura se mantenía disociada de la del antropólogo, teórico que trabajaba en las grandes ciudades europeas con los datos que les suministraban esta serie de etnógrafos amateurs. El paso de las teorías evolucionistas al particularismo histórico conllevó una modificación en la amplitud del objeto de estudio: ya no se trata de un estudio que toma la cultura y sus características en relación con otras culturas, sino que se limita a una cultura en sí misma.

A partir de los nuevos posicionamientos, una nueva generación de antropólogos con formación científica, como Franz Boas, rompe con la disociación entre el etnógrafo y el antropólogo, ya que para ellos el proceso de observación y el diálogo devienen fundamentales. La creación de un método científico y el hecho de que centrasen sus estudios en una sola cultura posibilitaron la investigación individual o en pequeños equipos, de modo que podían realizar ellos mismos el trabajo de campo.

Esta nueva generación de antropólogos adoptó las modernas tecnologías de la época, como la fotografía, el gramófono y el cine, como sus principales herramientas de trabajo, pues estos dispositivos, al registrar de forma aparentemente automática la realidad, conferían un tono neutral y objetivo a la información. La búsqueda del rigor científico llevó a Franz Boas no sólo a utilizar la fotografía como una herramienta de documentación, sino también a escoger a personas con conocimientos científicos (un grupo de etnógrafos que él dirigió) para que realizasen la documentación fotográfica en lugar de un fotógrafo profesional.

Desde finales del siglo xix, la fotografía fue adquiriendo una mayor relevancia en los trabajos de campo, pero fue a partir de Bronislaw Malinowski cuando devino un método de trabajo utilizado por numerosos antropólogos. Estos nuevos antropólogos se caracterizaron más por utilizar la fotografía y por incluirla en sus publicaciones que por realizar una labor teórica en torno a ella. Las pocas reflexiones que realizaron tuvieron un carácter más privado que público; fueron breves anotaciones realizadas en sus diarios de campo o que ocupan una parte muy pequeña en sus libros. La generación anterior, en cambio, ejerció una labor más teórica que práctica, fueron los primeros antropólogos en recepcionar este nuevo medio, y ello les llevó a reformular sus formas de estudio y las formas de obtención de información, así como a elaborar programas sobre cómo utilizar este medio. Por otro lado, al emplear un método comparativo y estar separadas la figura del antropólogo y del etnógrafo, tuvieron que establecer metodologías para unificar la información que suministraban los etnógrafos a través de sus fotografías. Sólo con la importante labor de Margaret Mead, de Gregory Bateson y, posteriormente, de John Collier, Jr. (quien, en 1967, publicó el libro Visual anthropology. Photography as a research method, cuyo título fue adoptado para definir esta nueva disciplina) se produjo una reconciliación entre la teoría y la práctica de la fotografía etnográfica.

Repensar

La institucionalización de la antropología visual como uno de los campos de investigación y formación antropológicos se dio de forma paralela a la de la fotografía en un período marcado por el incremento de su prestigio cultural y su revalorización económica. El prestigio cultural que adquirió la fotografía en la década de los setenta del pasado siglo conllevó un incremento tanto de las publicaciones como de las exposiciones y un importante proceso de recuperación histórico. En 1979, la revista Camera editó un número especial con motivo de la exposición People in Camera, celebrada ese mismo año en la National Portrait Gallery de Londres. Junto a las fotografías de reconocidos fotógrafos como Richard Beard, David O. Hill, Lewis Carroll o Roger Fenton, publicaron un daguerrotipo de una serie que J. T. Zealy había realizado por encargo de Louis Agassiz. En la biografía de este desconocido fotógrafo se explica que este daguerrotipo fue encontrado en 1977, en el desván del museo Peabody de Harvard, y que lo había utilizado el naturalista Louis Agassiz en sus estudios para demostrar la inferioridad de la raza negra. En la exposición mencionada, se mostraron retratos de fotógrafos que formaban parte de la élite de la historia de la fotografía del momento junto a otras imágenes de fotógrafos prácticamente desconocidos, como las de J. T. Zealy, las que Thomas Barnes y Roderick Johnstone hicieron de los niños ‘des homes’ del doctor Barnardo y la de Francis Russell Nixon, Los últimos tasmanos, 1858. La inclusión de fotografías antropológicas realizadas por autores irrelevantes en los manuales de historia vigentes junto a las de autores consagrados empezó a indicar los cambios que se producirían en las políticas de recuperación, motivados por la necesidad de ofrecer una amplia visión de las múltiples funciones que tenía la fotografía y de romper con el enfoque más formalista propuesto por Beaumont Newhall en su The history of photography from 1839 to the present day, de 1949, y de las siguientes ediciones que seguían marcando aún la forma de pensar la historia de la fotografía.

Los museos de antropología y otras instituciones empezaron la recuperación y la revalorización de sus importantes fondos fotográficos relacionados con esta disciplina llevando a cabo exposiciones como: Observers of man, Photographs from the Royal Anthropological Institute, (1980); World on a glass plate, Early anthropological photographs from the Pitt Rivers Museum, Oxford (1981); From site to sight, Anthropology, photography, and the power of imagery (1986); Die etnographische Linse, photographien aus dem Museum für Völkerkunde Berlin, Berlin, (1989); o exposiciones y publicaciones como: Thomas Theye (ed.), Der geraubte schatten, photographie als ethnographisches dokument (1989), Elizabeth Edwards (ed.), Anthropology and Photography, 1860-1920 (1992). En España, a partir de la exposición Temps d’ahir, Arxiu d’Etnografia i Folklore de Catalunya 1915-1930 y del ciclo de conferencias ‘Antropologia Visual: aproximació històrica al naixement d’una nova disciplina’ (organizado con motivo de esta muestra) se inició también este proceso de recuperación y debate en torno a la relación entre la fotografía y la antropología. La actividad inicial en torno a la fotografía antropológica tuvo un carácter arqueológico en el que se mostraba la riqueza y variedad de las colecciones de los museos antropológicos, mientras que a finales de la década de los ochenta se empezó a ofrecer una visión más amplia en las que se analizaba de forma crítica la importancia de la fotografía y el papel que ha desempeñado dentro de las políticas de representación y categorización del otro.’

Copyright del texto: Juan Naranjo
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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