Entender el arte

Un libro de Dana Arnold

 

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El arte se oculta a menudo detrás de una jerga alienante y sin sentido que lo aleja de nuestras realidades e inquietudes. En este breve texto, Dana Arnold supera los enfoques tradicionales de las introducciones al arte para partir de las motivaciones más esenciales del artista, con las que, como seres humanos, podemos sentirnos totalmente identificados. Compañero ideal para iniciarse en la comprensión del arte, este libro logra invertir nuestra mirada y nos reformula este universo desde un nuevo enfoque, accesible y estimulante.

Descripción técnica del libro:

208 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425232312
Edición digital en ePub
2019
Descripción
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Detalles

El arte se oculta a menudo detrás de una jerga alienante y sin sentido que lo aleja de nuestras realidades e inquietudes. En este breve texto, Dana Arnold supera los enfoques tradicionales de las introducciones al arte para partir de las motivaciones más esenciales del artista, con las que, como seres humanos, podemos sentirnos totalmente identificados. Compañero ideal para iniciarse en la comprensión del arte, este libro logra invertir nuestra mirada y nos reformula este universo desde un nuevo enfoque, accesible y estimulante.

Dana Arnold es catedrática de Historia y Teoría de la Arquitectura en la University of East Anglia, en el Reino Unido. Es autora de Art History: A Very Short Introduction, que ha sido traducido a doce idiomas. Sus textos más recientes incluyen A Companion to British Art, Art History: Contemporary Perspectives on Method y Biographies and Space.

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Miradas 

¿Qué vemos cuando miramos una obra de arte? Probablemente, el creador y el espectador del arte perciben el mismo objeto desde puntos de vista diferentes, ya que, aunque las interpretaciones de una obra varían en función de las diferentes culturas y períodos históricos, tendemos a pensar que el arte tiene el mismo significado y atractivo para toda la humanidad en cualquier época de la historia, y atribuimos al material visual una especie de existencia autónoma que nos hace ver el mundo que nos rodea bajo una nueva perspectiva. Y, lo que quizá es aún más importante, nos gusta contemplar el arte por el puro placer de hacerlo, y apreciarlo con independencia del conocimiento que tengamos sobre su contexto. Una tarde de domingo paseando por una galería de arte puede resultar una experiencia muy personal, estéticamente placentera, que nos hace sentir bien.

Mi objetivo en este breve volumen sobre el arte es explorar nuestra manera de mirar el arte e intentar averiguar qué es lo que ven los demás al contemplar el mismo objeto. Así, indagaremos en ciertos hilos comunes entre ejemplos de arte producidos en zonas geográficas diversas y veremos que el arte opera de manera similar en los diferentes períodos históricos. Estos temas nos permitirán analizar el arte y sus diversos significados.

El análisis simultáneo de diversas obras de arte provenientes de distintos rincones del planeta nos permitirá distanciarnos de aquellas narrativas que analizan el arte no occidental según estándares occidentales. Así, por ejemplo, podemos caer en la tentación de calificar el arte africano o el chamánico de “primitivos”; es decir, concebidos a partir de una sensibilidad ingenua. Por el contrario, cuando hablamos del movimiento artístico de finales del siglo XIX y principios del XX conocido como primitivismo, asumimos que estos artistas beben de las denominadas “fuentes primitivas”, aunque, sin embargo, otorgamos a su arte un “valor” añadido, al tratarse de obras producidas de manera consciente por la cultura occidental para que resulten atractivas a la sensibilidad intelectual de Occidente; es decir, como un avance respecto a su inspiración “primitiva”. Así pues, el concepto de progreso pasa a ser esencial en este relato.

Del hombre de las cavernas a Picasso

La estructura temática de este libro nos permitirá entablar un debate acerca de estos temas y hacerlo al margen de los estudios habituales sobre el arte, que suelen girar en torno a la figura del gran artista y la noción de progreso. Estos amplios barridos cronológicos son lo que a veces los historiadores del arte denominan “del hombre de las cavernas a Picasso”, una cuestión que abordaremos más adelante. He utilizado a propósito esta conocida frase porque tipifica la idea del arte occidental del siglo XX como el apogeo del progreso y la sofisticación. Sin embargo, desde los tiempos de Pablo Picasso (1881-1973), el arte ha seguido su curso, poniendo de manifiesto el problema del progreso constante que se desarrolla en el ámbito, o, más bien, en cualquier ámbito; el punto final, el momento en que se escribe la historia, no está fijado, sino que, por el contrario, queda subsumido en el relato a medida que avanza el tiempo.

Los estudios generales son el puntal sobre el que se apoyan tanto la exposición museística como las diferentes historias del arte. Estos estudios se actualizan a menudo, añadiendo capítulos a sus nuevas ediciones, y esta manera de hacer influye en el modo de exponer el arte y en lo que pensamos sobre él. Así, cuando entramos en una galería de arte, no nos sorprende encontrar la colección presentada al público de manera cronológica. Para comprobarlo, realizaremos una rápida visita virtual por un museo de arte “occidental”. Aunque los ejemplos que he escogido puedan resultar provocadores, mi intención no es otra que poner de relieve cómo percibimos el arte, cómo está expuesto y qué se nos hace ver cuando lo contemplamos.

Es probable que en nuestro museo virtual pasemos por unas cuantas salas dedicadas al arte prehistórico —a veces denominado “primitivo”—, donde no resulta extraño encontrar arte de todos los confines del mundo, clasificado y expuesto según geografías específicas más que en función de períodos temporales; así, Oceanía, Asia y Oriente Próximo son nombres que nos resultan familiares cuando hablamos de este tipo de arte. La narración “principal” prosigue con las estilizadas formas humanas y animales del arte egipcio y mesopotámico, como podemos observar, por ejemplo, en el Relieve de Nebhepetra Mentuhotep II (hacia 2051-2000 a. C., fig. 1) del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

Después, se nos presentaría el naturalismo de la Antigua Grecia como un avance hacia la representación realista del mundo tal como lo percibimos. Las perfectas proporciones que encontramos en las esculturas del atleta griego o del dios mitológico del período clásico encuentran eco en las de sus descendientes romanos. El Apolo Belvedere (hacia 120 d. C., fig. 2) es un ejemplo representativo de este tipo de escultura. Esta copia romana de un original griego en bronce (350-325 a. C.), de 2,24 metros de altura y descubierta en Italia durante el Renacimiento, fue considerada ya en el mundo antiguo como una de las obras más perfectas jamás realizadas y ha ejercido una influencia considerable sobre el arte occidental. [...]

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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