El diseño como actitud

Un libro de Alice Rawsthorn

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En una época en la que nos vemos obligados a afrontar grandes y tumultuosos cambios en distintos frentes, desde el medioambiental hasta el tecnológico, Alice Rawsthorn explora cómo las nuevas generaciones de diseñadores se valen de las herramientas digitales para perseguir sus objetivos sociales, políticos o ecológicos.

La galardonada crítica de diseño y autora británica reúne en El diseño como actitud textos inéditos en los que aborda aspectos esenciales del diseño contemporáneo: desde su rol en la interpretación de las nuevas tecnologías hasta su papel ante la crisis medioambiental, pasando por su función en la expresión de nuestras identidades o el empoderamiento digital de la nueva ola de diseñadores en África.

Atendiendo a los grandes retos y transformaciones en el diseño contemporáneo, este libro nos ofrece una lúcida visión sobre el impacto que este ejerce sobre nosotros, ahora y en el futuro.

 

¡TAMBIÉN DISPONIBLE EN EBOOK AQUÍ!

Descripción técnica del libro:

15 x 23 cm
208 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425233029
Rústica
2021
Descripción
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Detalles

En una época en la que nos vemos obligados a afrontar grandes y tumultuosos cambios en distintos frentes, desde el medioambiental hasta el tecnológico, Alice Rawsthorn explora cómo las nuevas generaciones de diseñadores se valen de las herramientas digitales para perseguir sus objetivos sociales, políticos o ecológicos.

La galardonada crítica de diseño y autora británica reúne en El diseño como actitud textos inéditos en los que aborda aspectos esenciales del diseño contemporáneo: desde su rol en la interpretación de las nuevas tecnologías hasta su papel ante la crisis medioambiental, pasando por su función en la expresión de nuestras identidades o el empoderamiento digital de la nueva ola de diseñadores en África.

Atendiendo a los grandes retos y transformaciones en el diseño contemporáneo, este libro nos ofrece una lúcida visión sobre el impacto que este ejerce sobre nosotros, ahora y en el futuro.

 

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 Alice Rawsthorn es una galardonada crítica de diseño y escritora, cuya columna semanal en el The New York Times se ha distribuido a otros medios de todo el mundo, que llevan más de una década publicándola. De 2014 a 2017 escribió también la columna “By Design” para la revista frieze. Entre sus anteriores libros publicados está el aclamado por la crítica Hello World: Where Design Meets Life. Rawsthorn, nacida en Mánchester y residente en Londres, da charlas en eventos internacionales como los TED y la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos. Preside la junta directiva de las galerías Chisenhale Gallery de Londres y The Hepworth Wakefield de Yorkshire. Es cofundadora de la campaña Writers at Liberty, que aboga por los derechos humanos, y le otorgaron la Orden del Imperio Británico (OBE) por sus servicios en el diseño y las artes.

Índice de contenidos
Índice de contenidos

ÍNDICE

  

prólogo        El diseño como actitud   7

capítulo 1      ¿Qué es el diseño actitudinal?   18

capítulo 2      Diseño y arte: encuentra la diferencia   30 

capítulo 3      El resurgir de la artesanía   40

capítulo 4      El origen de los objetos   52

capítulo 5      Regreso al futuro   62

capítulo 6      ¿Sigue siendo el del diseño
                      un mundo de hombres (cis)?   72

capítulo 7      El problema del color en el diseño   82

capítulo 8      La alegría de la feria   92

capítulo 9      Opciones, opciones, opciones   104

capítulo 10    Sin control   116

capítulo 11    Diseño y deseo   128

capítulo 12    Cuando a lo peor le sigue lo aún peor   138

 

apéndice        Diseñadores y proyectos de diseño   150

                      Bibliografía   188

                      Índice onomástico   200

                      Agradecimientos   204

                      Sobre la autora   207

                     

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PRÓLOGO

 

El diseño como actitud

Aquel año no había empezado bien. Después de haberse pasado seis años bregando con una serie de crisis financieras y conflictos políticos en su esfuerzo por establecer una nueva escuela de diseño en Chicago, a principios de 1945 László Moholy-Nagy se encontraba otra vez peleado con la junta, esa vez al respecto de la escasez de alumnado. También se enfrentaba al reto de encontrar unas nuevas instalaciones para cuando venciese el arrendamiento de la escuela, aquella misma primavera. La primera escuela que Moholy-Nagy abrió en Chicago había terminado cerrando poco después de un año, y a la segunda no se le auguraba mejor suerte. Al final consiguió imponerse a la junta y la escuela sobrevivió, pero la batalla por salvarla le pasó una brutal factura.

Moholy-Nagy había confiado en que, en aquel año de 1945, en el que cumpliría 50 años, podría dedicar más tiempo a escribir el libro sobre teoría visual que había iniciado dos años atrás. Pero los problemas de la escuela resultaron ser tan fastidiosos que se pasaba los días enteros dando clase y realizando labores de administración, y las noches, empantanado en los proyectos de diseño comercial con los que mantenía económicamente a su familia, por lo que solo podía arañarles unas pocas horas a los fines de semana para trabajar en su libro. Para empeorar todavía más las cosas, Moholy-Nagy cayó gravemente enfermo en el otoño de 1945; le diagnosticaron leucemia. Incluso estando ingresado en el hospital, le insistía a su mujer para que en sus visitas le llevase portfolios de fotografías, dibujos y notas para poder seguir trabajando en la maqueta del libro entre transfusiones, inyecciones y radiografías

A Moholy-Nagy le dieron el alta justo antes de Navidad y reanudó sus labores en la escuela al mes siguiente. Aprovechó cualquier momento libre de aquella primavera y aquel verano para terminar el libro, pero su enfermedad empeoró y acabó muriendo el 24 de noviembre de 1946.[1] El libro, Vision in Motion [Visión en movimiento], se publicó el año siguiente. Nadie que lo leyese entonces —o ahora— habría podido imaginarse el espantoso calvario que sufrió su autor mientras lo escribía. En cuanto que manifiesto de la visión que tenía Moholy-Nagy del diseño, el arte, la tecnología, la educación creativa y el papel de todo ello en la sociedad, sintetiza las ideas y observaciones de un individuo notablemente dotado y dinámico, que había vivido el nacimiento del constructivismo en su Hungría natal tras la Primera Guerra Mundial, el apogeo de la Bauhaus en la Alemania de la década de 1920 y el surgimiento de la modernidad en la de 1930, primero en Gran Bretaña y más tarde en los Estados Unidos. Pese a lo gravemente enfermo que estuvo mientras escribía Vision in Motion, el libro trasluce la energía y el optimismo de Moholy-Nagy, sobre todo en lo relativo a su fe en el poder del diseño para construir un mundo mejor.

Esta visión tan ecléctica y empoderadora del diseño, y la convicción ferviente de que la sociedad podía beneficiarse de abordarlo con una mentalidad más abierta y progresista, quedan resumidas en estas palabras del segundo capítulo de Vision in Motion: “Diseñar no es una profesión, sino una actitud”. Siempre me ha encantado esa frase, por muy anticuada que suene en la actualidad la referencia a “diseñar”. “La idea del diseño y de la profesión del diseñador debe transformarse de su concepción como una función especializada, en la de una actitud general válida de inventiva y capacidad, que permite ver los proyectos no de manera aislada, sino en relación con las necesidades del individuo y de la comunidad —escribió Moholy-Nagy—. Todos los problemas del diseño convergen, finalmente, en un único gran problema: ‘diseñar para la vida’. En una sociedad sana, este diseño para la vida alentará a todas las profesiones y vocaciones a que desempeñen su papel, puesto que su grado de vinculación con todo su trabajo es lo que da a cualquier civilización su calidad”.

Liberar al diseño de las limitaciones del papel profesional que había ocupado desde la Revolución Industrial, redefiniéndolo como un medio improvisador arraigado en el instinto, el ingenio y la capacidad y abierto a todo el mundo, era algo típico de Moholy-Nagy. Intrépido, generoso, subversivo e irreprimiblemente curioso, es uno de mis personajes favoritos de la historia del diseño. ¿Quién podría resistirse al artista e intelectual emigrado que vestía mono de obrero para manifestar su entusiasmo por la tecnología cuando enseñaba en la Bauhaus, donde dejaba que las mujeres estudiasen lo que les apeteciera, incluidos temas que antes estaban reservados solo a los hombres? ¿Y quién no admiraría el valor que tuvo Moholy-Nagy tras su llegada a los Estados Unidos? Su nuevo uniforme diario eran el traje y la corbata, pero siguió siendo tan radical como siempre en su política, cosa que se hizo patente al abrir su escuela de diseño de Chicago a los afroamericanos en una época en la que el sistema educativo de la ciudad era en su mayor parte segregado. Estuviera donde estuviera y cualesquiera que fuesen sus circunstancias personales, Moholy-Nagy mantuvo su entusiasmo por experimentar: desde ser pionero en el nuevo medio cinematográfico y fotográfico, hasta investigar sobre su efecto en la cultura visual y en los demás aspectos de la vida cotidiana.

El concepto del diseño como actitud de Moholy-Nagy surgió de la vinculación que mantuvo en su juventud con el constructivismo, movimiento que conoció cuando era un joven artista en Budapest, justo después de la Primera Guerra Mundial. El diseño desempeñó un papel crucial en el trabajo de los primeros constructivistas, el grupo de artistas, escritores e intelectuales de la vanguardia rusa que se reunían para compartir ideas y planificar el cambio social en los últimos años de la guerra y del que formaban parte Aleksandr Ródchenko y su mujer, Varvara Stepánova, y sus amigos Aleksei Gan, El Lisitski y Liubov Popova. Creían que los artistas, diseñadores y científicos deberían trabajar en colaboración con la industria para construir una sociedad mejor y más justa mediante la creación de “objetos nuevos para la vida nueva”, tal como lo expresó Popova, convicción que compartían los simpatizantes del constructivismo a los que Moholy-Nagy conoció cuando vivió en Viena y Berlín a principios de la década de 1920.

Esa era la visión del diseño que Moholy-Nagy introdujo en la Bauhaus a su llegada en marzo de 1923. Durante los cinco años siguientes llegó a convertirse en el profesor más influyente de la escuela y resultó decisivo para posicionarla como institución progresista e inclusiva, rebosante de experimentación. Tras su salida de la Bauhaus en 1928, Moholy-Nagy imbuyó del mismo espíritu todas sus nuevas iniciativas, incluidas las escuelas de Chicago, una mentalidad expresada con brillantez en el concepto de diseño actitudinal que dejó definido en Vision in Motion.

Este libro se titula El diseño como actitud en parte como homenaje a Moholy-Nagy, pero también porque esa frase resume en gran medida el trabajo que describe. El diseño como actitud se basa en las columnas que escribí entre 2014 y 2017 en la revista de arte frieze, con el título de By Design, como panorama general de lo que considero las cuestiones más relevantes del diseño contemporáneo. Mi pretensión es retratar la que, en mi opinión, es una época estimulante pero intensamente complicada para el diseño, en la que la propia disciplina y el efecto que causa en nuestra vida están cambiando de manera drástica.

Dado que el diseño ha adoptado tantísimos significados en épocas diversas y en contextos variados y que ha dado pie a confusiones y clichés, me parece que tiene sentido empezar por definir lo que yo creo que es. El diseño, con todas sus múltiples apariencias, siempre ha cumplido un papel elemental como agente de cambio que interpreta las variaciones de todo tipo —sociales, económicas, científicas, tecnológicas, culturales, ecológicas o las que sean— para garantizar que nos afecten de manera más positiva que negativa. El diseño como actitud se adentra en cómo desempeñan ese papel los diseñadores, profesionales o no, en unos tiempos extraordinariamente turbulentos y a menudo peligrosos, en los que nos enfrentamos a cambios de una velocidad y una escala sin precedentes en muchos frentes.

Entre estos están los desafíos globales, como la emergencia medioambiental y las crisis de los refugiados, el incremento de la pobreza, el prejuicio, la intolerancia y el extremismo, el reconocimiento de que muchas de las instituciones y sistemas que han organizado nuestra vida durante el último siglo ya no son eficaces, y el aluvión de tecnologías cada vez más complejas y potentes que prometen transformar la sociedad, aunque no siempre para bien. El diseño como actitud explica cómo responden los diseñadores: planificando y ejecutando proyectos para afrontar el cambio climático, para reinventar ámbitos ineficaces de la sanidad y los servicios sociales, para proporcionar ayuda de emergencia a las víctimas de desastres de origen natural y humano, para ayudar a los solicitantes de asilo a integrarse en las nuevas comunidades y para luchar por la justicia social. Pretende cartografiar la evolución de la relación del diseño con otras disciplinas, como el arte y la artesanía, y su papel en el resurgir del interés por crear, ya sea de manera manual, mecánica o digital. El libro hace también una crónica de los recientes cambios de la cultura del diseño, que se ha vuelto más diverso e inclusivo, no solo en términos de género, geografía y etnicidad, sino por acoger a gente de diversos campos a quienes, aun sin haberse formado para ser diseñadores, les entusiasma implicarse en el diseño.

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