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Cómo visitar un museo de arte
y convertir su visita en una experiencia gratificante

Un libro de Johan Idema

Disponible

14,33 €

Hoy en día la visita a un museo no solo consiste en mirar obras y “entender el arte”. En él ocurren muchas cosas que pueden convertir nuestra visita en una experiencia mucho más entretenida e instructiva.

¿Es posible conversar con el vigilante de sala, quedar para charlar con un amigo o entablar debates con visitantes desconocidos? ¿Tienen los marcos de los cuadros algún significado? ¿Cómo debemos reaccionar si, al leer el título de una pieza, comprobamos que se trata de un Sin título? ¿Hay otra forma de mirar los desnudos, los paisajes o los retratos? ¿Por qué no pedirle a tu hijo pequeño y que te haga una visita guiada?

Cómo visitar un museo de arte es una guía amena e imaginativa para visitar un museo de otra manera. Johan Idema ha sabido identificar aquellos códigos de conducta, situaciones recurrentes y lugares comunes de los museos y les ha dado la vuelta audazmente. El resultado es un manual divertido e informativo que nos reta a transgredir nuestras costumbres para permitirnos disfrutar de la visita a un museo de manera realmente activa, crítica y, ante todo, motivadora.

Descripción técnica del libro:

14.5 x 18cm
128 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425229367
Rústica
2016


Descripción
Descripción

Detalles

Hoy en día la visita a un museo no solo consiste en mirar obras y “entender el arte”. En él ocurren muchas cosas que pueden convertir nuestra visita en una experiencia mucho más entretenida e instructiva.

¿Es posible conversar con el vigilante de sala, quedar para charlar con un amigo o entablar debates con visitantes desconocidos? ¿Tienen los marcos de los cuadros algún significado? ¿Cómo debemos reaccionar si, al leer el título de una pieza, comprobamos que se trata de un Sin título? ¿Hay otra forma de mirar los desnudos, los paisajes o los retratos? ¿Por qué no pedirle a tu hijo pequeño y que te haga una visita guiada?

Cómo visitar un museo de arte es una guía amena e imaginativa para visitar un museo de otra manera. Johan Idema ha sabido identificar aquellos códigos de conducta, situaciones recurrentes y lugares comunes de los museos y les ha dado la vuelta audazmente. El resultado es un manual divertido e informativo que nos reta a transgredir nuestras costumbres para permitirnos disfrutar de la visita a un museo de manera realmente activa, crítica y, ante todo, motivadora.

Johan Idema (1973), formado en gestión cultural en la Technische Universiteit Delft y la New York University, es consultor, autor y promotor. Su extensa trayectoria como consultor cultural lo ha llevado a colaborar instituciones como el Lincoln Center for the Performing Arts de Nueva York, el Netherlands Architecture Institute de Róterdam o la Design Academy Eindhoven, entre otras entidades del mundo de la cultura, el arte y el diseño.

Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice

INTRODUCCIÓN

LOS OJOS DEL MUSEO
Cómo sacar partido a los vigilantes de museo

CAMINA DESPACIO PERO DE MANERA CONSTANTE
Cómo combatir el cansancio en el museo

CUADROS SIN GENTE    
Cómo entender los paisajes

CUANDO SE PRODUCE EL ARTE     
El valor de observar a la gente mirar

LA BELLEZA Y LAS SANDECES    
Cómo distinguir el arte bueno del malo

ALLÍ DONDE ACABA EL ARTE Y EMPIEZA EL MUNDO    
Sobre los marcos y la teatralidad del arte

ESCANDALÍZAME SI PUEDES    
Cómo abordar el arte provocador

PERO ¿ES ESTO ARTE?    
Gestiona las expectativas acerca del arte

AMIGOS QUE AÚN NO HAS CONOCIDO    
Sobre la belleza de charlar con desconocidos

EL CHICLE QUE SE TE PEGA AL CEREBRO    
La importancia de dar con tu obra maestra

LOS ANTÍDOTOS PERFECTOS    
Por qué tu hijo constituye un guía excelente

LA REALIDAD ACTÚA COMO MI CAMPO DE ACCIÓN    
Cómo lidiar con la jerga del arte

EL ALMA DE UN MUSEO    
Sobre el valor añadido de seguir las recomendaciones del personal

LA VISIÓN DEL CUERPO HUMANO SIN TAPUJOS    
Cómo enfrentarse a los desnudos en el museo

SINTIÓ QUE ERA FIRME Y SUAVE
Por qué deberías tocar el arte con las manos

SIN TÍTULO NÚM. 3, 1973    
Cómo superar los títulos minimalistas de las obras de arte

¡PROHIBIDO HACER FOTOS!
Cómo las fotos realzan la experiencia del museo

ALGO MÁS QUE UN CEMENTERIO DE OBRAS DE ARTE
Amplía la percepción de lo que puede ofrecer un museo de arte

SELFIES AVANT LA LETTRE
Cómo apreciar el arte del retrato

PREGÚNTAME SOBRE ARTE
Sobre el valor añadido de toparse con un guía de museo

RALENTIZA LA VISITA
Un llamamiento a que mires con mayor detenimiento

EL ARTE ES UNA CONVERSACIÓN
Revaloriza el papel del restaurante de un museo

LA SILLA PLEGABLE
Cómo sentarte te ayudará a ver más

LAS CARTELAS ME HACEN SENTIR ESTÚPIDO    
Cómo convivir, o no, con las cartelas

¿ALGUNA PREGUNTA?
Cómo preguntar a un guía para que te aporte información valiosa

POZOS ABIERTOS DE SENTIMIENTOS
Sobre los beneficios de leer con acierto el libro de visitas

POR FAVOR, MOLESTEN AL ARTISTA
Conoce al artista detrás de la obra

UN CRÁNEO, UNAS MANZANAS Y UNA BOTELLA
Cómo entender un bodegón

LLEVA EL EXTERIOR AL INTERIOR
Sobre el valor añadido de observar el mundo desde la ventana de un museo

¿QUÉ TE TRAE POR AQUÍ?    
Cómo precisar los motivos subyacentes

TAMBIÉN DISPONIBLE EN POSTAL
Por qué tomarse más en serio la tienda del museo

EMPAREJA A PARKER CON POLLOCK
Cómo el unir música y arte acentúa tu experiencia artística

¿DÓNDE IR?
OTRAS LECTURAS
CRÉDITOS
SOBRE EL AUTOR

Lee un fragmento
Lee un fragmento

Extracto de la introducción

DEJA DE DEAMBULAR Y ACTÚA

De no ser por el “cubo blanco”, este libro no se hubiera escrito, de modo que es importante que sepas un par de cosas sobre él.

Con la aparición del “cubo blanco” en la década de 1970 se pretendía conseguir un espacio amplio, limpio y neutro y, por tanto, puro: un lugar libre de contexto. Dentro del cubo blanco solo importabas tú y la obra de arte, sin nada que mediara; juntos en soledad, en silencio. Pero algo no funcionó: el cubo blanco se convirtió en un fin en sí mismo y proporcionó a museos y artistas una excusa para centrarse en el arte por el arte. Como consecuencia, su recinto empezó a dar una sensación de aislamiento, pulcritud y esterilidad y los museos de arte acabaron pareciendo laboratorios. Más que un mero espacio, el cubo blanco constituyó un modo de presentar el arte que, hasta la actualidad, ha moldeado profundamente la experiencia personal del museo.

Hoy, casi cinco décadas más tarde de aquello, puede pensarse que las cosas han cambiado; basta con ver todos esos maravillosos museos de arte que se han construido o se han renovado desde entonces, dirán los profesionales de los museos. Y tienen razón: algunos cubos blancos han incorporado ventanas, mientras que otros cuentan con una arquitectura espectacular. Sin embargo, se mantiene el protocolo en numerosos museos destinado a “cuidar” las obras de arte. A pesar de que el arte se ha reinventado a sí mismo de múltiples maneras a lo largo del último medio siglo —al tornarse más diverso, complejo o absurdo que nunca—, los museos siguen presentándolo del mismo modo monótono y minimalista. Esto llevó al famoso coleccionista de arte Charles Saatchi a describir el cubo blanco como algo “antiséptico, preocupantemente pasado de moda y un cliché”, lo cual ha empeorado, pues actualmente el cubo blanco parece haberse convertido en la única manera de presentar el arte.

A la deriva de una obra de arte a otra
Demasiada pureza daña al museo. Con el fin de alcanzar significado, el arte necesita estar en contacto con el mundo real. El crítico de arte Jerry Saltz ha observado con acierto: “No se trata de que el arte solo se vea en entornos destrozados, sino que puede ser de otro modo, tanto desde el punto de vista del espacio como del comportamiento”. Paradójicamente, la serenidad y severidad de la mayoría de los museos apenas toleran que estos expliquen o contextualicen las obras de arte. Las paredes limpias y el silencio no permiten una argumentación apropiada, ni el diálogo, la performance, la fiesta o cualquier otra aproximación que ayuden a comprender y apreciar el arte. No obstante, este tipo de orientación puede conformar lo que muchos de nosotros necesitemos a la larga para sentirnos más a gusto en un museo.

Los profesionales y los aficionados al arte en general siguen confiando plenamente en el cubo blanco. Creen que favorece la mejor conducta posible alrededor del arte. Existe, sin embargo, un grupo muy amplio de visitantes de museos que no lo percibe así y acuden al centro con la esperanza, o incluso con la intención, de disfrutar de una experiencia que valga la pena. Una vez en el interior, vemos cómo se mueven de una obra a otra, dedicando una media de diez o, quizá, veinte segundos a cada pieza. Sus rostros revelan interés pero también fatiga. Si los contemplamos con mayor detenimiento, observaremos que muchos parecen perdidos, abrumados, desconcertados o incluso aburridos. Como apunta el filósofo Alain de Botton: “Nuestros encuentros con el arte no siempre tienen el éxito que cabría esperar. El modo en que las instituciones presentan el arte no nos invita a enfrentarnos a las obras de arte”.

Tomemos las riendas
El museo funciona como el lugar idóneo donde sustentar nuestras ideas sobre el arte. ¿Cómo se explica entonces que existan tantos libros maravillosos sobre su asimilación pero que ninguno de ellos nos indique cómo utilizar los museos de forma provechosa? Nuestro encuentro con el arte puede ser gratificante, incluso esclarecedor, pero no hay que dejarse engañar. Es un error pensar que el simple hecho de encontrarse en un museo, en presencia de grandes obras de arte, y de contemplar las piezas sin más, conlleva que la experiencia del arte sea reveladora por definición. Para que esto ocurra, se necesita construir una relación personal con el arte mediante algún tipo de comprensión o de vinculación emocional. Para muchos de nosotros esa chispa no prende por sí sola. Aunque se pudiera esperar que el museo allane ese camino, el protocolo del cubo blanco suele tener, de hecho, el efecto opuesto: impide que disfrutemos de una experiencia significativa.

Lo positivo estriba en que uno puede, en gran medida, tomar las riendas de la experiencia del museo y moldearla a su gusto. Puede que los museos tengan razones de peso para presentar las obras de arte tal como lo hacen, pero la experiencia que de él tenemos depende, en definitiva, de uno mismo. Los interiores de los museos parecen ser espacios blancos, fríos y estériles, pero ello no implica que uno deba actuar en consecuencia. Para que la visita valga la pena, debe fomentarse una postura diferente. De eso trata este libro: proporciona nuevas perspectivas sobre cómo puedes comportarte ante el arte para que la visita al museo se transforme en un recuerdo significativo. [...]

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

La prensa ha dicho
La prensa ha dicho

'Cómo visitar un museo de arte'... y no morir en el intento

(Raül de Tena, Fantastic Plastic Magazine, 14/06/2016)

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«Un manual entre cachondo y didáctico que te pide una cosa directamente: que transgredas tus costumbres para disponerte a gozar tu visita al museo de una forma proactiva, crítica y motivadora.» (Raül de Tena, Fantastic Plastic Magazine, 14/06/2016)

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Alberto
Un manual estupendo para hackear museos, que cada vez son más aburridos
Puse en práctica lo de visitar el museo guiado por mi hijo y la verdad es que fue una visita un poco caótica pero absolutamente insólita y divertida