Arquitectura y turismo
Percepción, representación y lugar

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35,00 €
Longseller

Arquitectura y turismo presenta una colección de ensayos escritos por expertos que, bajo un enfoque primordialmente arquitectónico e histórico, plantean el turismo como un conjunto de prácticas que es preciso examinar, comparar y criticar. Estructurado en cinco capítulos -Definición de un modelo y un modo de percepción, Políticas de peregrinación, El lugar empaquetado, Representación y La imaginación posmoderna-, este libro presenta una riqueza de opciones y enfoques que pone de manifiesto que el estudio del tema va más allá del turismo en sí, introduciéndonos en el análisis de cuestiones sociales, históricas y artísticas más amplias.

Descripción técnica del libro:

15 x 22cm
316 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425221057
Rústica
2006
Descripción
Descripción

Detalles

Arquitectura y turismo presenta una colección de ensayos escritos por expertos que, bajo un enfoque primordialmente arquitectónico e histórico, plantean el turismo como un conjunto de prácticas que es preciso examinar, comparar y criticar. Estructurado en cinco capítulos -Definición de un modelo y un modo de percepción, Políticas de peregrinación, El lugar empaquetado, Representación y La imaginación posmoderna-, este libro presenta una riqueza de opciones y enfoques que pone de manifiesto que el estudio del tema va más allá del turismo en sí, introduciéndonos en el análisis de cuestiones sociales, históricas y artísticas más amplias.

D. Medina Lasansky imparte Historia de la Arquitectura y Urbanismo en la Cornell University. Es autora de The Renaissance Per-fected: Architecture, Spectacle and Tourism in Fascist Italy (Penn State University Press, 2004).
Brian McLaren es profesor adjunto en el departamento de Arquitectura de la University of Washington, donde enseña historia, teoría y diseño de arquitectura.
Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice de contenidos:



Prólogo (Davydd J. Greenwood)
Introducción (D. Medina Lasansky)


Parte primera: definición de un modelo y un modo de percepción
      Reproducción, fragmentación y colección: Roma y el origen del suvenir (Sarah Benson)
      Primeros viajeros en Grecia y la invención de la historia arquitectónica medieval (Kostis Kourelis)
      Actuación en el extranjero: los turistas británicos en Italia y sus prácticas, 1840-1914 (Jill Steward)


Parte segunda: políticas de peregrinación
      De Trípoli a Gadames: arquitectura y experiencia turística de la cultura local en la Libia colonial italiana (Brian McLaren)
      Peregrinaje al Alcázar de Toledo: ritual, turismo y propaganda en la España de Franco (Miriam Basilio)
      Calabozos auténticos, castillos blanqueados: antiguas sedes del comercio de esclavos en Ghana (
Cheryl Finley
)


Parte tercera: el lugar empaquetado
      Del fragmento fotográfico a la ilusión arquitectónica en el Poble Espanyol de Barcelona de 1929 (Jordana Mendelson)
      Simular Francia, seducir al mundo: el Centro Regional en la Exposición Internacional de 1937 (Deborah D. Hurtt)
      Geografías turísticas: remodelación de La Habana Vieja (D. Medina Lasansky)


Parte cuarta: representación
      Colonialismo edulcorado: un centro temático de vacaciones en Isla Mauricio (Tim Edensor y Uma Kothari)
      Haciéndolo bien: destinos de luna de miel de posguerra en las montañas Pocono (Barbara Penner)


Parte quinta: la imaginación posmoderna
      La nueva política del espectáculo: ‘Bilbao’ y la imaginación global (Joan Ockman)
      Egipto en esteroides: Luxor Las Vegas y el orientalismo posmoderno (Jeffrey Cass)

Los autores
Índice alfabético
 
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Texto del prólogo:

‘Prólogo

por Davydd J. Greenwood

El estudio científico social y humanístico del turismo tiene una interesante historia. El turismo, el mayor desplazamiento de seres humanos en tiempos de paz en la historia universal y actividad en tiempo de ocio para la gran mayoría de estudiosos, no ha recibido hasta hace poco demasiada atención analítica, si se compara con los ríos de tinta erudita vertidos acerca de otros fenómenos de menor envergadura. Tanto los operadores turísticos, como la empresas relacionadas y las consultoras han generado documentación importante sobre la estructuración y el beneficio de las actividades turísticas, pero han aparecido muy pocos estudios de utilidad desde una perspectiva analítica y crítica.

Como uno de los primeros colaboradores en la bibliografía científico social sobre este tema, hace tres décadas me fascinó la poca atención prestada a un fenómeno que parecía estar arrasando Europa. Fue quizás la primera vez en que me percaté de la capacidad que tienen muchos sociólogos para ignorar los fenómenos que dominan el escenario mundial, al tiempo que prestan una meticulosa atención a otros temas que posiblemente sólo les importen a ellos y a su círculo de colegas más inmediato.

Mientras que la disociación entre las prioridades de estudio de las ciencias sociales y las humanidades, por un lado, y las principales preocupaciones de la sociedad en general, por otro, se ha revelado como un producto histórico y político, la investigación sobre el turismo ha tenido que recorrer un duro camino hasta tener identidad propia, dado que los especialistas, como turistas empedernidos que somos, preferimos estar ‘fuera de servicio’ cuando disfrutamos de nuestros viajes de placer para ver monumentos o parajes históricos y gozar de la buena comida y los bellos paisajes. Cualquiera que sea la causa, y a pesar de varios esfuerzos interesantes,3 el turismo sólo ha empezado a recibir una atención crítica sistemática en la década de 1990. Este volumen forma parte de esa tendencia y muestra los hallazgos encontrados en el estudio analítico del turismo.

Un grupo de diversos expertos con inquietudes y con un enfoque primordialmente arquitectónico e histórico presenta aquí una variedad de planteamientos del turismo como un conjunto de prácticas para examinar, comparar y criticar. Cada capítulo presenta una riqueza de opciones y enfoques que pone de manifiesto hasta qué punto es rico el tema y cómo su estudio nos lleva inmediatamente más allá del turismo en sí y nos introduce en el análisis de cuestiones sociales, históricas y artísticas más amplias.

Los autores prestan una atención especial al impacto del turismo en el entorno construido. Precisamente porque el turismo es una industria de tan enorme envergadura que incluye monumentos, museos, otros edificios para usos especiales y hoteles, así como la gestión tanto de espacios urbanos como rurales, los arquitectos y urbanistas no pueden permitirse escapar a los giros y cambios de las múltiples lógicas del mundo del turismo.

Desde esta perspectiva, y aunque el presente libro puede leerse como un interesante conjunto de ensayos monográficos sobre turismo, se trata también de un estudio de la influencia mutua entre el turismo y la práctica del diseño y la arquitectura. Será especialmente útil para sensibilizar a las nuevas generaciones sobre las complejidades de las tareas que deben realizarse en la práctica y la imposibilidad de llevar a cabo preferencias profesionales no contaminadas.

Como muestran muchos de los capítulos, el turismo no es un fenómeno que los profesionales puedan controlar; se sitúa dentro de las políticas económicas y culturales de su entorno y de la evolución histórica de los gustos y costumbres del siempre creciente número de turistas. En última instancia, es necesario entender las preferencias de los turistas y cómo van cambiando, lo que requiere un análisis social y cultural sostenido. Para expresarlo más directamente aún, el turismo es una creación conjunta de turistas, empresarios y proyectistas, y es preciso comprender globalmente este triunvirato.

Los lectores de estos estudios se deleitarán con la diversidad de casos y materiales reunidos por los autores y editores. La variedad es grande, desde ruinas y monumentos históricos hasta construcciones turísticas contemporáneas, el mundo de los suvenires, experiencias turísticas dirigidas y entornos completamente artificiales con referencias histórico-culturales. Hay capítulos que tratan de la génesis histórica de los gustos y prácticas de los turistas, de la búsqueda de ‘lugares’ con poder cultural y la evolución de las formas de viajar y narrar. Otros capítulos se centran en las conexiones entre turismo y colonialismo, y turismo y memoriales de guerra; otros revelan la muy dinámica influencia del turismo en la creación de lugares ‘culturales’ o remodelados para inventar formas particulares de contemplación, como en los casos del Poble Espanyol de Barcelona y la Exposición Internacional de París de 1937. También hay capítulos que tratan de la creación intencionada del tipo de simulaciones culturales a las que se han acostumbrado los turistas últimamente.

La multiplicidad de perspectivas y tipos de localizaciones y experiencias turísticas es el punto fuerte de este libro. Merece la pena leer atentamente cada capítulo, porque, en su diversidad, las aportaciones de todos los especialistas reunidos por los editores son de gran calidad y además aportan a la colección una coherencia de enfoque que puede tomarse como una invitación a la reflexión. Mediante una amplia selección de casos fascinantes, los editores intentan despertar el interés del lector hasta el punto de introducirle también en el proceso de análisis del turismo como fenómeno y como conjunto de prácticas culturalmente generativas.

El enfoque principal se lleva a cabo sobre el entorno construido, pero no es en absoluto el único enfoque. Se tratan extensamente los comportamientos y prácticas que dan significación a los procesos turísticos y la monumentalidad efectiva de lugares (colección de suvenires, creación de imagen, ‘captura’ de lugares a través de la cosificación y la mitificación). Los autores y editores son conscientes también, como debería serlo todo el mundo, de la historicidad intrínseca del mundo del turismo ‘cultural’, con su énfasis en las ruinas, la monumentalidad, los emblemas, la ‘sacralidad’ de ciertos espacios. Los ensayos que tratan de comparaciones entre el pasado y el presente nos presentan ejemplos maravillosos de la compleja referencialidad y la reflexividad histórico-cultural de las actividades turísticas.

Muchos de los ensayos ponen de manifiesto las múltiples formas en que el turismo intenta homogeneizar lugares y temas a través de la fragmentación y la cosificación. El mundo de los grabados, las fotos y los suvenires forma parte de este proceso en el que se permite creer al turista que ha capturado una ‘pieza’ de la historia y que se la lleva a casa, como si se tratara de un explorador que regresa con artefactos y pruebas de su experiencia. Es ésta una dimensión complicada y especialmente importante del turismo a gran escala, porque implica la reconciliación de elementos aparentemente contradictorios en un sistema mundial capitalista.

La historia y los monumentos no fueron construidos para el consumo, en el sentido de convertirlos en artículos para llevar. Sin embargo, esta conversión del turismo en producto hace tiempo que supone una serie de cosificaciones de objetos que ‘prueban’ que ha tenido lugar un acto de presencia, un acto que potencia el estatus del turista una vez de vuelta en su país. Todo el libro es buena prueba de que el turismo cultural depende de algo más que de generar simplemente experiencias de lugares. Estas vivencias tienen que comprarse y venderse, y también materializarse en fotos y suvenires. Sin estos materiales, la ‘prueba’ que demanda el turista implicaría desmontar el lugar que visita en el propio acto de la visita. Como consecuencia, se puede considerar que el mercado aparentemente trivial de los suvenires y las cámaras con flash es un elemento esencial para el sostenimiento de la práctica turística.

Algunos capítulos muestran cómo los procesos culturales e históricos del turismo se han divorciado del pasado gracias a la creación de atracciones turísticas intencionadas. En este sentido, es difícil definir la diferencia entre la autenticidad histórica y los lugares contemporáneos de entretenimiento o parques temáticos. Casos como la conservación del Alcázar de Toledo con su lúgubre episodio de la Guerra Civil española, la conversión de calabozos de esclavos en atracciones turísticas en Ghana y la presentación de la cultura indígena en Libia son fascinantes. Los antiguos hoteles de luna de miel en las montañas Poconos o la remodelación de La Habana Vieja para satisfacer la demanda actual revelan mucho de lo que imaginan arquitectos y urbanistas sobre el carácter de la demanda turística, y también nos muestran algo sobre las imágenes que se llevan los turistas a partir de esas experiencias ‘dirigidas’.

El pasado es todavía un factor clave en la capacidad de atracción de los entornos turísticos actuales, aunque ahora de forma muy diferente a la de antes. Resulta difícil mantener la distinción entre la propia historicidad y los lugares turísticos de entretenimiento. Poco se puede hacer para impedir que un centro vacacional temático en Isla Mauricio, si dura lo suficiente y atrae suficientes turistas, o Disneyworld, si se quiere, se conviertan en lugares históricos tan venerables como la catedral de Nôtre Dame en París; podría ser sólo cuestión de tiempo.

Por lo tanto, este libro se preocupa de la arraigada distinción de sentido común entre lugares culturalmente ‘auténticos’ y experiencias culturales ‘escenificadas’, siguiendo las sugerentes y muy fructíferas ideas de Dean MacCannell4 y Edmund Carpenter. Es posible que esta cuestión haya molestado a historiadores y antropólogos que tratan el turismo, en gran parte porque nosotros hemos tendido a basarnos en el concepto de ‘autenticidad’ como una especie de valor cultural no contaminado. Nosotros, y me incluyo a mí mismo, hemos criticado lo que creemos que son ‘falsificaciones’ de lo ‘auténtico’ como una especie de traición a nuestra idea de que el pasado es un ‘valor pleno’ mientras que el presente es culturalmente menos valioso.

Los autores y editores de esta colección han ido más allá de esta burda dicotomía y nos ofrecen una perspectiva más perturbadora y dinámica de las múltiples formas de productividad cultural asociadas al turismo contemporáneo. En este sentido, su perspectiva incorpora los conceptos más desafiantes y matizados dentro de un esquema constructivista y enlaza estrechamente con las complejas polémicas sobre autenticidad, no sólo en cuanto a cultura turística, sino también en cuestiones de identidad étnica y nacional. Quizás esto nos pueda ayudar también a entender por qué los eruditos se sienten tan incómodos con este asunto, ya que fijamos rutinariamente nuestro propio sentido del valor en una apreciación del pasado como algo a la vez más real y superior que el presente y el futuro.

Los capítulos de este volumen proporcionan mucho material sobre el que pensar. El extraordinario éxito del Museo Guggenheim de Bilbao está pidiendo a gritos una explicación, si es que los arquitectos aspiran a lograr éxitos similares. ¿Tiene que ver con el puro resplandor del edificio y con el genio del arquitecto, con su desastrada localización urbana, o es otra cosa lo que ha convertido a este museo en semejante acontecimiento mundial?, ¿es el Casino Luxor un logro arquitectónico, o sólo una monumental caja registradora?, ¿por qué la mirada selectiva escoge algunos elementos de Roma para prestarles atención y descarta otros como menos valiosos?, ¿cómo podríamos siquiera plantearnos estas preguntas con un mínimo de rigor intelectual? En cuanto a esto, el libro desafía a los sociólogos a ir más allá en lo que se refiere al estudio del turismo.

Por consiguiente, este libro debe considerarse como un tratado en favor de un enfoque más amplio sobre el turismo, una propuesta centrada en las conexiones entre la complejidad del entorno construido, los sistemas culturales de los usuarios del entorno, las complejidades de lo que se considera como ‘histórico’ y monumental, y los esquemas diversos y divergentes que aportamos para nuestra apreciación del pasado, del presente y del futuro.

A tenor de la cantidad de innovaciones y desafíos que plantean los autores y editores, este libro me recuerda a un grupo de espeleólogos explorando una magnífica y poco conocida cueva; cada uno de ellos lanza un brillante rayo de luz sobre alguna característica de la cueva y nos muestra cosas que dan mucho que pensar. Ninguna de las contribuciones en solitario proporciona una imagen completa, de modo que se pueden y se deben añadir más elementos del mundo cultural e histórico del turismo. Sin embargo, el efecto acumulativo de los capítulos sirve para dar al lector una idea del alcance y la importancia cultural del turismo y de las dimensiones de la tarea futura, en caso de que empecemos a lidiar con ella de forma más eficaz, tanto desde dentro como desde más allá de la formación y la práctica de la arquitectura. En este sentido, el libro es al mismo tiem-po una generosa fuente de conocimiento y experiencia y un excelente es-tímulo para el trabajo que tenemos por delante.

Como parte del futuro trabajo, queda claro que los expertos tienen que incrementar sus esfuerzos en la distinción entre tipos de turismo. Los turistas que buscan lugares históricos y monumentos, y que se deleitan en su reverencia por el pasado, no son sino una mínima parte de la totalidad. Se genera mucho más volumen económico en los complejos turísticos y parques temáticos construidos en entornos totalmente nuevos y decididamente artificiales. Intuitivamente, la gente sabe que estos sitios turísticos modernos no son lo mismo que las ruinas de Roma, pero, ¿cómo, por qué y hasta qué punto los distinguimos?, ¿y cómo se debería formar a los arquitectos para encargarse de ello? Entre todos los ejemplos que aparecen en este libro se hacen distinciones que tienen su importancia. ¿Qué son, cómo se hacen y cómo afectan o deberían afectar esas diferencias a nuestra estrategia de análisis?

Los estudios sobre turismo están también profundamente invadidos por una variedad de juicios morales difíciles de controlar. La bondad del pasado resulta estar basada en un proceso muy complejo de fragmentación, distinción y construcción cultural que hace que el pasado sea inteligible en una especie de relación de contraste (positiva o negativa) con el presente. ¿Por qué creemos que una visita a un enclave histórico ‘real’ (cuya realidad es también una construcción, como demuestran los autores) es de alguna forma más profunda culturalmente que pasar un día en un parque temático que ha sido construido imitando una pirámide maya? ¿Es el turismo de masas menos ‘cultural’ que el turismo de élite, o es sólo una cuestión de prejuicios de clase de quienes escribimos sobre estas diferencias? ¿Si deseamos llevar a nuestros hijos al Reino Mágico en nuestro tiempo de ocio, es ello una especie de señal vergonzosa de una falta de ‘clase’ de la que debemos huir en tanto que ‘expertos’? ¿Es por ello por lo que hemos permanecido alejados de un análisis crítico del turismo?

La movilidad física también requiere mayor atención. Parte del origen del turismo contemporáneo del grand tour se centró en su vinculación directa con la clase social. Sólo la gente con recursos poseía los medios para trasladarse de un lugar a otro a voluntad, dejando en suspenso el proceso diario de ganarse la vida en favor del ocio, los viajes y la observación. Hoy en día, gracias al transporte de masas, el turismo de masas ha hecho que la ‘cuestión de clases’ del turismo sea mucho más compleja. Dentro de este complicado mundo circulan ideas como que los cruceros turísticos son para gente de clase inferior a quienes visitan el Mont Sant Michel, que dormir en una casa rural tiene más ‘clase’ que hacerlo en un hotel de la cadena Best Western, aunque sea en un lugar histórico más importante, y otras consideraciones parecidas. La clase y el turismo están estrechamente entrelazados, y el mundo del entorno construido abarca necesariamente todas estas dimensiones. Sin embargo, sigue siendo problemático el modo de englobar todo esto conscientemente y utilizar este conocimiento para promover una buena práctica de la arquitectura y experiencias más satisfactorias, tanto para viajeros como para residentes.

Nadie puede terminar este libro sin sentirse impresionado y entusiasmado, tanto por los logros de este grupo de especialistas como por las promesas del campo de estudio que abren ante nosotros.’

Copyright del texto: D. Medina Lasansky y Brian McLaren
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Texto de la introducción:

‘Introducción

por D. Medina Lasansky

Hoy en día el turismo se encuentra entre las mayores industrias mundiales. Millones de turistas recorren el planeta visitando sitios, haciendo fotos, leyendo guías turísticas, aguzando el oído para escuchar a los guías y comprando postales y suvenires. Los dos últimos siglos han sido testigos de un incremento de la homogeneización de lugares turísticos en todo el mundo. Todo, desde monumentos históricos a destinos exóticos de vacaciones se ha rediseñado y empaquetado para el consumo de masas mediante distintos enfoques de los medios de comunicación de masas, estudios especializados y mitos populares. Como resultado se ha producido una nueva conceptualización de la historia de edificios, espacios y lugares concretos; algunos se han preservado y potenciado, mientras que se ha dejado que otros decaigan. En este proceso de amplificación y eliminación, edificios, ciudades y hasta países enteros se han ido replanteando mediante iniciativas turísticas al servicio de objetivos políticos, culturales, económicos y académicos.

Teniendo en cuenta estas profundas transformaciones, este libro examina la relación recíproca entre la práctica moderna del turismo y el entorno construido, siendo ambos inseparables desde que los primeros peregrinos invadieron Roma. Este libro explora la experiencia, la representación y la acepción de lugar turístico dentro de diversos contextos culturales, deteniéndose en casos de estudio en Cuba, Ghana, Grecia, Francia, Italia, Libia, Isla Mauricio, España y Estados Unidos, desde el renacimiento hasta nuestros días. Desde los antiguos lugares de comercio de esclavos en la costa de Ghana hasta la renovación urbana de La Habana Vieja, desde las cabañas de luna de miel en las montañas Poconos al espectáculo posmoderno de Bilbao, desde las exposiciones mundiales de la década de 1930 a los encuentros colonialistas en la Libia italiana, el ensayo aporta reflexiones sugerentes sobre la práctica del turismo y el concepto de lugar. Estos capítulos demostrarán cómo se han utilizado la fotografía, el cine y los suvenires para facilitar la transmisión y mitificación de lugares concretos; también estudiará cómo se han institucionalizado los itinerarios, las bibliografías y los comportamientos turísticos para el consumo popular con el fin de servir a objetivos culturales más amplios. Los autores que contribuyen a este volumen entienden el turismo tanto como un proceso a través del cual se tiene la experiencia de los lugares, como una fuerza cultural que los ha configurado e interpretado. El turismo es simultáneamente un producto cultural y un productor de cultura, un importante catalizador en un proceso complejo y gradual de intercambio cultural centrado en la experiencia del entorno construido.

El sociólogo Dean MacCannell fue uno de los primeros en adentrarse en el estudio del turismo gracias a su artículo de 1973 y, tres años más tarde, su libro fundamental sobre la autenticidad escenificada.2 Como resultado de su innovadora investigación, MacCannell sentó las bases de lo que a partir de entonces surgió como campo de estudio encabezado por especialistas en disciplinas como la antropología, la geografía cultural, los estudios culturales, la economía, las ciencias políticas y la sociología, así como la aparición de revistas pioneras como The Annals of Tourism Research. Estos especialistas han contribuido al desarrollo de un lenguaje para discutir sobre turismo. Judith Adler nos introdujo en los orígenes de la visita a lugares de interés (o visualización de la experiencia de viaje que depende de la observación del testigo presencial). El politólogo Dennis Judd acuñó el práctico concepto de ‘burbuja turística’ para describir cómo las ciudades han construido entornos de entretenimiento limpios, seguros y autosuficientes. Gregory John Ashworth y J. E. Tunbridge identificaron la práctica del ‘turismo patrimonial’ para explicar el uso de la historia como componente fundamental en la creación de una imagen comercializable de las ciudades. Tomando prestado de Michel Foucault el concepto de mirada, el sociólogo John Urry6 ha argumentado que el proceso mediante el cual se construye, se refuerza y adquiere autoridad la mirada del turista tiene una especificidad cultural. Más recientemente, Claudia Bell y John Lyall7 inventaron el concepto de lo ‘intenso acelerado’ para identificar un género de experiencias turísticas extremas que van desde el puenting al lanzamiento de personas.

Algunos artistas contemporáneos han emprendido también elocuentes estudios sobre el turismo. Entre 1987 y 1994 Martin Parr, fotógrafo de la agencia Magnum, fotografió turistas y lugares turísticos captando de un modo ingenioso las formas prescritas de interacción del turista con el lugar visitado: haciendo que sostienen la torre inclinada de Pisa, fascinados con el aparato de audioguía en el Panteón o navegando en góndola por los canales de Venecia; de este modo, sus fotografías aportan una crítica inteligente del comportamiento del turista. Como ha expresado la crítica de arte y activista Lucy Lippard, el artista, al igual que el propio turismo, enseña a la gente cómo mirar. En su estudio sobre turismo, arte y lugar, Lippard conduce al lector en un viaje por Estados Unidos, desde la costa de Maine hasta Los Ángeles, criticando deliberadamente la producción y percepción de lugares en lo que ella denominó ‘el camino marcado’. Lippard elogió a artistas contemporáneos como Zig Jackson y Coco Fusco cuya obra induce al espectador a cuestionar conscientemente las prácticas de consumo turístico.

Como ha señalado Mark Neumann, los lugares turísticos son espacios discursivos en los que participan planificadores, políticos, conservacionistas, artistas, empresarios y turistas. Los discursos de cada uno de estos distintos grupos ‘enmarcan y domestican’ lugares turísticos, componiendo ‘un espectáculo generado culturalmente’ que puede consumirse y experimentarse de distintas formas por gente diferente. Es esta verdadera complejidad la que resulta tan fascinante. Como señaló Tim Edensor en su sugerente estudio Tourists at the Taj. Performance and Meaning at a Symbolic Site, ‘el turismo no puede tipificarse por un único tipo de motivación, función o condición social, sino que consiste más bien en una variedad de prácticas y epistemologías que proceden de localizaciones culturales particulares’. En su estudio sobre cómo los turistas actúan frente al Taj Mahal y entienden el lugar, Edensor pone de manifiesto que de cualquier lugar concreto se pueden sostener descripciones múltiples y con frecuencia contrarias. Al igual que Neumann, vuelve a plantear un significado de intervención en la práctica del turismo, ignorando la frecuente burla que practican aquellos que desprecian al turista como consumidor ciego o víctima inocente de una cultura estandarizada, homogeneizada y globalizada.

Durante el trabajo de campo de entrevistas y fotografías de gente, tanto Neumann como Edensor sitúan la historia de sus respectivos lugares (el Gran Cañón en el caso de Neumann) dentro del contexto de su uso actual. La interpretación de cualquier paraje, monumento o suceso dado implica el conocimiento de su cambio de significado y de uso a lo largo del tiempo. El turismo anima a los especialistas a plantearse cuestiones diacrónicas: por ejemplo, los actuales turistas que van a Roma, ¿siguen buscando los mismos monumentos que buscaban sus predecesores siglos atrás? Si es así, ¿cómo ha cambiado a lo largo del tiempo el propósito y el significado de su visita?, ¿se han modificado sus actividades en el lugar?, ¿es diferente en algún sentido su modo de percepción? Varios de los capítulos de este volumen siguen estas vías de investigación y, con ello, empiezan a tender el trabajo de base para lograr una comprensión más completa de la historia y el significado de estos lugares. A partir de aquí surgirá una historia de la arquitectura más complicada, una historia fluida, continua y a la vez diacrónica e interdisciplinar.

El arquitecto y teórico Aldo Rossi ha sugerido, entre otra gente, que la arquitectura es simultáneamente un lugar, un acontecimiento y un símbolo; se trata al mismo tiempo de la estructura, en el sentido tradicional de la palabra, y de cómo se ordena dicha estructura. El proceso de intervención es inherente a esta definición. En esta colección de ensayos, edificios y espacios se entienden como un conjunto de actividades, productos y actitudes que complementan y completan tanto el diseño como el significado de lugares concretos. Se considera la arquitectura como un proceso de recepción, representación, uso, espectacularización y homogeneización mientras se interviene en el significado mediante las estrategias retóricas de diversos medios de información y representación. Si, como sugirió Marc Augè durante una presentación en el Congreso de Arquiturismo en Columbia University, en 2002, son las agencias de viajes y la publicidad quienes desempeñan el papel más importante en la popularización de ideas sobre destinos de viaje, entonces el concepto de arquitecto tiene que ampliarse hasta abarcar un mayor número de ‘proyectistas’. Los materiales de la arquitectura deben ampliarse también para incluir propaganda, política y publicaciones. Los ensayos de este volumen hacen precisamente eso; a pesar de ser un libro sobre arquitectura, se citan pocos arquitectos. En lugar de centrarse en el papel del arquitecto, estos ensayos van a mostrar cómo la fotografía, el cine y los suvenires han contribuido a transmitir y mitificar ciertos lugares, desdibujándose así los límites entre la llamada ‘alta’ y ‘baja’ cultura.

Esta idea de intervención no es nueva en modo alguno. El turismo y sus materiales y estrategias relacionados tiene sus raíces en el renacimiento, si no antes. Después de todo, fue Giambattista Piranesi, en el siglo XVII, quien contribuyó a mitificar la imagen popular de Roma gracias a la publicación de sus vedute, que hicieron que la ciudad fuera conocida en toda Europa. La perspectiva forzada, los puntos de vista imposibles y la engrandecida impresión de ruinas antiguas explotada en sus grabados logró reinventar con éxito la imagen de Roma para una audiencia dispar.13 Tal como deja claro la obra de Piranesi, existe una relación difusa entre la construcción de una imagen arquitectónica, el lugar real, su historia y el modo en que se vive. Los ensayos reunidos en este volumen van a desarrollar esta idea de formas distintas y sugerentes. Al centrarse en ideas de proceso y función, más que sobre la iconografía del objeto fetiche, el estudio del turismo garantiza así una nueva conceptualización del espacio arquitectónico.

Por lo que hemos visto en este breve resumen del campo de investigación, los estudios que han explorado el turismo relacionado con temas de arquitectura y espacio urbano se han llevado a cabo en gran parte fuera de la disciplina de historia de la arquitectura. Hace varias décadas que antropólogos, sociólogos y politólogos se han interesado por el tema del turismo, mientras que los especialistas en historia de la arquitectura no han hecho más que ignorarlo. No hace mucho que los historiadores de la arquitectura comienzan a valorar el papel desempeñado por el turismo en la historia del entorno construido, y un buen ejemplo es el estudio de Annabel Jane Wharton sobre la cadena de hoteles Hilton y su papel en la difusión de una cierta imagen de la cultura norteamericana durante la Guerra Fría.

La idea exacta de este libro surge a partir de unas jornadas sobre el tema, celebradas en 2002 dentro de la reunión anual de la Asociación de Escuelas de Arte en Filadelfia; durante este acontecimiento, un grupo de jóvenes especialistas (Charyl Finley, Deborah D. Hurtt, Kostis Kourelis, Jordana Mendelson y Barbara Penner) convinieron en presentar este trabajo. En cada caso el turismo era un elemento central, y no tangencial, del relato. Los parámetros del debate se ampliaron durante el simposio ‘Architourism: Architecture as a Destination for Tourism’, organizado el otoño siguiente por Joan Ockman en el Buell Center for the Study of American Architecture de Columbia University; este simposio facilitó la oportunidad de explorar temas habituales en la práctica del turismo. Por tanto, es interesante destacar que, aunque el presente volumen es un intento de afrontar la evidente laguna en la historia de la arquitectura con respecto a la relación entre turismo y espacio construido, forma parte al mismo tiempo de la reflexión de un magnífico conjunto de eruditos contemporáneos emergentes que estudian esta conexión.

Definición de un modelo y un modo de percepción

Los tres primeros capítulos de este libro exploran los paradigmas de la práctica del turismo en el marco de modelos e itinerarios concretos; los tres plantean la importancia de la visita sobre el terreno y la idea de relatar luego en casa lo que se ha visto mediante dibujos, relatos de viaje y suvenires. En este proceso los turistas aparecen como descubridores, sus recuerdos y suvenires son la prueba de su experiencia, y sus itinerarios sirven de guía para los siguientes turistas. Como se verá, estas estrategias retóricas proporcionaban paradigmas discursivos que siguen vigentes hoy en día. Los tres capítulos hacen notar cómo se complica la práctica de la historia de la arquitectura por el estudio del turismo. Teniendo en cuenta que tanto las disciplinas de la historia del arte y de la arquitectura como la práctica del turismo hunden sus raíces en la cultura burguesa decimonónica, resulta evidente que los historiadores deben preguntarse ahora hasta qué punto su discurso, su modelo erudito de monumentos y sus modos de percepción son producto del turismo. Quedará claro que las topografías eruditas y turísticas se superponen y se alimentan una a la otra, suscitando así interesantes preguntas sobre la interdependencia del estudio y la práctica del turismo.

El primer capítulo aborda el reputado destino turístico de Roma; en él, Sarah Benson registra la transmisión de masas de la imagen de la ciudad mediante el análisis del suvenir turístico desde el renacimiento hasta nuestros días. La autora descubre la lógica de reproducción, fragmentación y colección inherente al suvenir como medio para determinar la contribución del suvenir romano en la estandarización de un conjunto colectivo de recuerdos para la gente que nunca ha estado en la ciudad y de una topografía familiar para quien sí lo ha hecho. Postales, guías y otros artículos materiales no sólo han codificado un modelo de lugares arquitectónicos, sino que han contribuido a condicionar las expectativas y la percepción del turista. En su matizada lectura, Benson interpreta el suvenir como un punto de negociación entre mito y realidad, patrimonio local y global. En muchos sentidos, Roma es una referencia para otras ciudades. Siendo uno de los lugares más mediatizados, su retórica turística se ha refinado continuamente y ha sido ampliamente imitada a lo largo de siglos. Benson demuestra que casi todos los aspectos de la industria y la experiencia del turismo pueden encontrar su origen en la Roma moderna temprana.

Kostis Kourelis, a su vez, analiza el conjunto de publicaciones de los visitantes del Peloponeso en el siglo XIX. En sus visitas a enclaves arqueológicos antiguos, estos viajeros hallaron una inesperada cantidad de sitios medievales y, dado el interés que existía en sus países de origen por la edad media, este tipo de sitios generaron una especial fascinación; sus notas de viaje, tal como argumenta convincentemente Kourelis, ponen de manifiesto la invención de un vocabulario visual y literario para describir los sitios que, por su parte, establecen las bases de la historia arquitectónica medieval tal como se conoce en la actualidad. Con todo ello, Kourelis demuestra de manera sugerente que existe una relación recíproca entre el estudio académico de monumentos y el fenómeno del turismo.

En el tercer capítulo, Jill Steward analiza la forma en que los turistas británicos imaginaban, percibían y experimentaban los escenarios de Italia durante el siglo XIX y principios del siglo XX. Para los nuevos grupos sociales que viajaban durante este período (clases medias, mujeres y familias completas), el viaje suponía tanto un proceso de autorrevelación como el propio descubrimiento del lugar visitado. Steward muestra que el turismo proporcionaba los medios para construir y mantener la identidad social burguesa. Investigando a través de cartas publicadas, documentales y guías de viaje, la autora muestra cómo se regulaban extraoficialmente las prácticas turísticas mediante una serie de códigos de conducta. Los turistas se afanaban dibujando bocetos, tomando fotografías y escribiendo a casa, en un proceso de autoedificación del espíritu. El género de la guía turística demostró ser fundamental en este proceso de culturalización, ayudando a los viajeros a planificar itinerarios y orientándoles para saber qué y cómo mirar una vez sobre el terreno. También fueron importantes los libros de protocolo que identificaban los peligros del viaje, especialmente para el creciente número de mujeres que viajaban solas. Entre la amplia difusión de imágenes, las descripciones personales y las guías, se logró establecer un espacio familiar y, según Steward, en ello reside el éxito de la prolongada aventura amorosa con Italia.

Políticas de peregrinaje

En los estudios sobre la España de Franco, la colonia italiana de Libia y la costa de Ghana, Miriam Basilio, Brian McLaren y Cheryl Finley analizan cada uno por su lado la utilización del turismo como herramienta para fortalecer un sentido de identidad dentro de un contexto fuertemente politizado. Basilio y McLaren abordan la relación entre fascismo y turismo, y Finley se encarga de las políticas actuales del turismo de raíz afroamericana. En cada caso, el turismo aporta los medios para revisar y reivindicar el pasado.

El ensayo de Miriam Basilio nos muestra cómo el Alcázar de Toledo adquirió una fuerte carga simbólica durante el régimen de Franco. El edificio fue declarado monumento nacional en 1937, como lugar que sufrió un importante asedio durante la Guerra Civil española, y apareció publicado y destacado en las denominadas ‘rutas de guerra’, itinerarios turísticos de la época. Tal como nos aclara la autora, el Alcázar desempeñó un papel fundamental en la versión que los franquistas dieron a la historia. Al exaltar este lugar (anteriormente vinculado a los reyes Carlos V y Felipe II, así como a Alfonso VI, que reinó en el siglo XI y reconquistó Toledo a los musulmanes), los líderes fascistas fueron capaces trazar un paralelismo entre el imperio español y el nuevo orden político. Más exactamente, al honrar a los mártires de la Guerra Civil que murieron en el Alcázar, Franco y sus seguidores pudieron establecer un moderno corolario con los primitivos cruzados cristianos del país. Al convertir el Alcázar en un moderno destino de peregrinación, el régimen fue capaz de reestructurar el turismo en una forma de patriotismo santificado.

Brian MacLaren analiza el desarrollo turístico de Libia en los últimos años de la década de 1930. Resultó de particular importancia para la experiencia turística de este período un itinerario que partía desde el sur de Trípoli hasta Gadames, al borde del Sahara, un itinerario que ofrecía un sistema coordinado de viaje y alojamiento. El capítulo de MacLaren estudia el papel de la arquitectura en este sistema como artífice de una perfecta experiencia turística, y lo hace contrastando la investigación científica de la época sobre la cultura libia y la presentación de esa misma cultura en la documentación turística. Como logra demostrar el autor, en una relación metonímica con sus enclaves históricos, las instalaciones turísticas actuaban como museos etnográficos donde experimentar la cultura y el carácter de los libios fuera del tiempo. En última instancia, el desarrollo turístico de Libia sirvió como instrumento de política cultural para el imperio fascista italiano.

Finley, por su parte, aborda la política racial de turismo y conservación del patrimonio actual; estudia la rehabilitación de castillos y fuertes en la costa de Ghana. Estos lugares, como antiguos centros de comercio de esclavos entre África y América, tienen una intensa carga emocional. La autora presenta la restauración de estos lugares, y su consiguiente transformación en destinos turísticos, como parte de un proyecto consciente de reivindicación histórica; sugiere que la controvertida naturaleza de su historia es lo que ha llevado a estos edificios a convertirse en destinos atrayentes dentro de un mercado global del turismo, especialmente para turistas afroamericanos que buscan revivir la experiencia de la esclavitud de sus antepasados. No resulta extraño que estos lugares dependan en gran medida de actividades interactivas de simulación sobre el terreno, diseñadas para recrear la experiencia de quienes fueron esclavos. Como tales, suponen mecanismos importantes de creación de memoria para una clientela turística ansiosa por conectar con sus raíces africanas.

El lugar empaquetado

Varios estudios analizan la utilización de la arquitectura para crear una sensación de patrimonio civil, regional o nacional compartido. En los casos de análisis de España, Francia y Cuba, Jordana Mendelson, Deborah D. Hurtt y D. Medina Lasansky ponen de manifiesto cómo se construyen nuevas identidades para estos lugares mediante la visualización de un marcado carácter arquitectónico. En cada caso, el producto final resulta de una combinación de lugares existentes e imaginados, reconstituidos en un todo distinto que se presenta al público a través de diversas estrategias de comunicación.

Jordana Mendelson plantea el caso del Poble Espanyol, un pueblo con edificios que representan las diferentes regiones de España construido para la Exposición Internacional de Barcelona en 1929. Con la esperanza de crear la imagen de una nación unificada y definir España como una atracción turística viable tanto para viajeros españoles como extranjeros, el dictador español general Miguel Primo de Rivera encargó a los arquitectos Ramon Reventós y Francesc Folguera la creación de una villa utópica que fuera un collage de la arquitectura popular de todo el país. Como señala el autor, la fotografía supuso un factor esencial del proceso. Si el estudio de Mendelson trata de cómo se construyó la imagen de una nación a través de la creación de un conjunto unificado, el análisis de Hurtt sobre el centro regional, construido para la Exposición Internacional de París de 1937, muestra todo lo contrario. El centro se diseñó, con el apoyo del Touring Club de Francia, con el fin de generar un interés turístico en las provincias durante un período de depresión económica. Con ocasión de la Exposición Internacional, el país se dividió en 17 regiones, identificada cada una de ellas por una única forma arquitectónica. Al final se construyó un pequeño pueblo en el centro regional, compuesto por estos edificios representativos. Mediante este popular centro se alentaba al publico a familiarizarse con la nueva Francia. El éxito del centro se manifiesta en que los míticos edificios regionales siguen hoy en día definiendo las regiones francesas. Ambos lugares, ya sea el español o el francés, ofrecen un collage utópico de formas arquitectónicas regionales; con su visita se animaba al público a familiarizarse con topografías autóctonas ideales. En ambos casos el objetivo final era inducir a la gente a viajar, de modo que el turismo arquitectónico sirvió de vehículo para que los gobiernos pudieran unificar una población dispersa de manera efectiva y eficaz.

D. Medina Lasansky, por su parte, estudia la rehabilitación de La Habana Vieja. Bajo la dirección del historiador de la ciudad, Eusebio Leal, La Habana Vieja ha sido destripada, restaurada y empaquetada para el turismo. Gracias a las iniciativas de Leal, y a la autoridad que Fidel Castro le ha otorgado, la arquitectura ha surgido como el elemento más importante en la transformación de la ciudad; se ha pasado de casco antiguo decadente, congestionado y superpoblado, a un atractivo centro histórico con sus museos, hoteles de lujo, zonas comerciales, buenos restaurantes y cautivadoras zonas peatonales. La técnica principal para el desarrollo económico de muchas ciudades actuales es la creación de un centro histórico atractivo; y, en ese sentido, La Habana no es un caso aparte. Como parte de su programa de conservación de la ciudad, Leal ha lanzado una lujosa revista, ha publicado una serie de libros profusamente ilustrados y ha producido varios documentales. La elaboración de semejante despliegue de medios es una característica común en proyectos de desarrollo urbanístico, pero el caso de La Habana es único. La ciudad ha aplicado la técnica habitual de una economía capitalista occidental para financiar una serie de proyectos socialistas; en otras palabras, el turismo se utiliza como medio para sostener la sanidad, la educación y la vivienda para la población local.

Enclaves de representación

Como señaló el sociólogo Henri Lefebvre, los monumentos son experiencias que se viven físicamente. El capítulo de Tim Edensor y Uma Kothari, así como el de Penner, aclaran sumamente esta afirmación. Ambos ensayos tratan de destinos turísticos temáticos que funcionan como escenarios de representación turística. En su estudio del popular complejo turístico Sugar Beach en Isla Mauricio, Edensor y Kothari demuestran que este lugar funciona como un plató de escenografía, con sus mánagers, coreógrafos y directores que colaboran en la creación de un ambiente donde lo exótico y lo foráneo se han domesticado eficazmente. Este denominado ‘espacio sin conflictos’ está diseñado para albergar y tener ocupados a los turistas, animándoles a seguir ciertos papeles convencionales de simulación representativa. Aun así, y tal como sostienen los autores, este espacio no es un entorno falseado que crea simplemente un collage de estereotipos coloniales; es más bien un lugar complejo que recrea el pasado, aunando espacio arquitectónico y materialidades específicas para crear una ‘autenticidad de emoción’ (en lugar de una autenticidad de precisión histórica). La atención a texturas, temperaturas, ambientes, olores, sonidos y gustos, genera en última instancia una interpretación muy sensual del lugar que es cualquier cosa menos engañosa. En ese sentido es auténtico sin duda alguna. Como el propio Edensor ha señalado, los estudios sobre turismo apenas se preocupan de investigar las sensaciones y la interpretación de los turistas sobre el terreno. Este estudio compensa tal omisión de forma satisfactoria.

Barbara Penner también ha escrito la historia de las sensaciones apoyándose en el discurso arquitectónico. La autora analiza el fenómeno específicamente norteamericano de los centros de luna de miel, en un estudio que explora la confluencia entre cultura popular, comercio empresarial y sexo. Penner argumenta que las bañeras con forma de corazón, los techos de espejo y la iluminación teatral de los centros de luna de miel de las montañas Poconos, al este de Pensilvania, crean una atmósfera de fantasía sexual que forma parte integral de la elaboración y mantenimiento de una idea hegemónica de romance. El turismo de luna de miel data de mediados del siglo XIX, pero Penner nos muestra que desde la década de 1960 el escenario de intimidad se ha ido definiendo cada vez más por los intereses comerciales de lugares como Cove Haven. La autora apunta que la imagen de deseo construida en la prensa popular se ha visto reforzada por la arquitectura con el fin de establecer un escenario donde desplegar una coreografía de lo íntimo. En su estudio, Penner muestra que el discurso arquitectónico tiene lugar fuera de los canales profesionales (en televisión, en las páginas de revistas para novias y en los desplegables a todo color de Playboy) y demuestra lo que puede aprenderse en ese tipo de centros. Al igual que el centro vacacional de Isla Mauricio, los centros de luna de miel son lugares que se entienden con el cuerpo. Al llamar la atención sobre las sábanas de satén, los tejidos suntuosos y los baños de espuma, Penner pone de manifiesto la naturaleza táctil y sensual de la arquitectura. Al igual que Edensor y Kothari, Penner confirma que sigue habiendo algo áureo en la experiencia arquitectónica.

La imaginación posmoderna

Jeffrey Cass y Joan Ockman tratan sobre lugares que son un maravilloso ejemplo del espectáculo posmoderno: el casino Luxor de Las Vegas y el Museo Guggenheim de Bilbao. El éxito de estos dos lugares se debe en gran parte a la difusión mediática, pero no se trata de lugares producidos en serie. Estos edificios son acontecimientos irrepetibles que es preciso experimentar para entenderlos; se hallan inmersos en la especificidad cultural de sus respectivos emplazamientos y, como tales, rehusan cualquier impresión de homogeneidad globalizada.

Jeffrey Cass demuestra que todavía puede aprenderse de Las Vegas. El strip analizado por Venturi, Scott Brown e Izenour en su famoso estudio de 1972 ha desaparecido hace ya tiempo, pero aquí encontramos otro análisis igualmente convincente. Como apunta Cass en su estudio del casino y hotel Luxor, la nueva ciudad de Las Vegas es un lugar de destacadas particularidades diseñadas para atraer a un público más diversificado. Se ha reconstruido el pasado de manera selectiva con miras a los que buscan placeres provechosos (o entretenimiento educativo). El turista, a su vez, se ve alentado a convertirse en un intrépido explorador, investigando las ruinas arqueológicas que descansan bajo el suelo del desierto, la réplica de la tumba del rey Tutankamón y las antigüedades autentificadas que se venden en las tiendas de regalos. La permeabilidad de fronteras entre ficción y realidad origina una ambigüedad que obliga al turista a ejercer el papel de arqueólogo aficionado que explora por espacios preparados a tal efecto. El geógrafo cultural John Brinckerhoff Jackson20 afirma que estos lugares representan un nuevo tipo de monumento, así como una forma novedosa de interpretar y presentar la historia; además, tienen profundas raíces. Como en el caso de la Grecia del siglo XIX, el descubrimiento arqueológico y el turístico se entrelazan una vez más en Las Vegas.

Resulta apropiado que el volumen incluya un ensayo sobre el Museo Guggenheim de Bilbao, un edificio que se ha convertido en emblemático de un nuevo tipo de turismo. Aunque la arquitectura ha sido durante siglos un destino para los turistas (y el caso de Roma lo confirma), Bilbao encarna un nuevo tipo de ‘arquiturismo’ centrado en la arquitectura moderna. Como informaba hace poco una reseña en The New York Times, ésta es la última tendencia en turismo, con empresas y guías de viaje especializadas incluidas (junio de 2002). No sorprende que una reciente edición de la guía Let’s Go Spain publique en la portada una imagen del Museo Guggenheim. Como demuestra Ockman, el contexto y la acogida de cualquier obra construida va más allá de su forma real. En ningún lugar resulta más evidente esta afirmación que en el caso de Bilbao, donde el edificio ha sido mediatizado por la prensa popular (desde la declaración pública del crítico de arquitectura Herbert Muschamp hablando de la estructura como ‘milagro’ en la portada de The New York Times Magazine, hasta los frecuentes anuncios de televisión donde aparece el museo como un telón de fondo con clase). Las imágenes más vistas del museo muestran el edificio surgiendo al final de una vía urbana (una celebración del renacimiento de la ciudad). Estas imágenes disimulan engañosamente la complejidad física, económica y cultural del entorno. De hecho, como pone de manifiesto Ockman, Bilbao trastoca la idea de homogeneización global.

Bilbao y el resto de ciudades tratadas en este libro representan casos distintos de producción y consumo cultural que llevan a la construcción de lugares públicos y privados; revelan los medios por los que se ha condicionado la percepción del observador (para ver e interpretar). Al hacer visibles los diversos mecanismos culturales responsables de la construcción de la imagen, el mito y el significado de edificios individuales, enclaves específicos, ciudades y países enteros, los ensayos sitúan el tema del turismo arquitectónico en el contexto más amplio de la historiografía arquitectónica, y lo conectan también con la política, la cultura y la socioeconomía actuales. Tal como se verá, el estudio del turismo permite que lo intangible se convierta en tangible, lo invisible en visible, y los límites de la disciplina se tornen lo bastante permeables como para incluir cosas que no se ven pero se pueden degustar, oír, oler y tocar. En última instancia, cada uno de los capítulos nos animará a reflexionar sobre el entorno construido, su creación y su mediación. Nos gustaría indicar que estos ensayos proporcionan nuevos paradigmas para la comprensión y el análisis de la arquitectura, la historia de la arquitectura y las actitudes hacia ambas. Las consecuencias de esta investigación van más allá del alcance de los casos estudiados en este volumen, puesto que sus capítulos plantean más preguntas de las que contestan.

Agradecimientos
Los autores desean agradecer las sugerencias de los revisores anónimos del manuscrito, así como la gentil asistencia editorial de Kathleen May de Berg Publishers.’

Copyright del texto: D. Medina Lasansky y Brian McLaren
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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