ENVÍO GRATIS A ESPAÑA en pedidos superiores a 20 €

Álvaro Siza. Conversaciones con Valdemar Cruz

Un libro de Valdemar Cruz

 

Casa del Libro6,98 €
Otras tiendas6,98 €

Este libro recoge varios encuentros que, durante más de una década, Álvaro Siza mantuvo con el periodista portugués Valdemar Cruz.

Las palabras de Siza no sólo sirven para reflexionar sobre temas profesionales en torno a la arquitectura, la ciudad y el espacio, sino que nos ayudan a entender al hombre que hay detrás de sus obras. Las conversaciones vienen acompañadas por unos comentarios sobre la obra de Siza escritos por Frank O. Gehry, Rafael Moneo y Eduardo Souto de Moura.

Descripción técnica del libro:

120 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425225772
2007
Descripción
Descripción

Detalles

Este libro recoge varios encuentros que, durante más de una década, Álvaro Siza mantuvo con el periodista portugués Valdemar Cruz.

Las palabras de Siza no sólo sirven para reflexionar sobre temas profesionales en torno a la arquitectura, la ciudad y el espacio, sino que nos ayudan a entender al hombre que hay detrás de sus obras. Las conversaciones vienen acompañadas por unos comentarios sobre la obra de Siza escritos por Frank O. Gehry, Rafael Moneo y Eduardo Souto de Moura.

Valdemar Cruz
Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice de contenidos:

Retratos con historias dentro
El mundo de Álvaro Siza
Confesionario
Bonjour tristesse
Prohibido prohibir
Homenaje al maestro
Cuando los edificios están de fiesta
Del museo en construcción a la iglesia construida
         El museo en construcción
         El museo construido
         La iglesia
La experiencia de los espacios
Los hechos de la vida
Lee un fragmento
Lee un fragmento


Texto de la introducción:

‘Retratos con historias dentro

Los retratos fijan instantes, fragmentos de vida quizá únicos e irrepetibles. A veces nos apetece volver a mirarlos, recuperarlos en nuestra vida cotidiana. Aunque se hayan vuelto amarillentos por el paso del tiempo, no es extraño que una segunda mirada nos proporcione una agradable combinación de sentimientos. Volver a un retrato es como intentar viajar en el tiempo y reconstruir recuerdos que no siempre se han perdido aunque estuviesen algo adormecidos. En ese viaje de regreso podemos emocionarnos, reírnos de nosotros mismos, sentir la implacable vorágine de los días; aunque, al final, siempre nos consuela darnos cuenta de que, a pesar de que tal vez seamos otros, esencialmente seguimos siendo los mismos.

Durante la última década y media he podido construir diversos retratos de un personaje tan singular como Álvaro Siza. Las armas más importantes de un periodista son la curiosidad y la disponibilidad permanente para buscar respuestas que le puedan ayudar a comprender el mundo que le rodea. Fue así, armado únicamente con esa capacidad, con esos recursos y sin ningún tipo de preparación específica en el ámbito de la arquitectura, cómo hace unos 15 años me atreví a enfrentarme por primera vez al desa-fío de conversar con el arquitecto portugués más conocido y prestigioso. Por entonces pretendía hablar de la obra y del hombre que ya sorprendía a todos en el ámbito internacional, aunque siguiese siendo un profeta con escasa audiencia en su propia tierra. Cuando entré por primera vez en el mundo de Álvaro Siza, el arquitecto todavía trabajaba en un pequeño estudio de un edificio de la Rua da Alegria en Oporto. Yo estaba nervioso, pues mis conocimientos sobre arquitectura se limitaban a los resultados exteriores del intenso trabajo desarrollado en el interior de los estudios de algunos arquitectos. Era algo que me fascinaba, no porque pretendiese comprender el lenguaje inherente a cada uno de ellos, sino por el deseo puro y simple de disfrutar del placer estético que proporciona cada obra, como usuario de los espacios públicos.

De aquel primer encuentro no olvidaré jamás un detalle que me encontré al llegar. En la entrada, un papel escrito que no se preocupaba mucho de la composición, pedía que se cerrase la puerta, pero lo hacía en lenguas de distintos continentes. Ya por entonces el despacho de Siza recibía visitas de arquitectos jóvenes de todo el mundo que admiraban su forma de hacer arquitectura y que querían realizar prácticas con alguien a quien consideraban ya un maestro. Algunos de ellos acabaron quedándose a trabajar en Portugal.

Recuerdo otro hecho que me impresionó mucho y que ha sido una constante en todos los encuentros posteriores, la voracidad con la que Álvaro Siza fuma. Aunque se defienda con el argumento de que no traga el humo, por lo que en realidad no es un verdadero fumador, la verdad es que quema cigarrillos a una velocidad asombrosa. Llega a encender el siguiente con el último, del que todavía no ha consumido ni la mitad. Como es fácil imaginar, el ambiente de la sala se carga, se hace brumoso, pero tengo la sensación de que este ritual del tabaco debe de ser un elemento crucial en el proceso de concentración de Álvaro Siza.

No es fácil concertar una entrevista con un arquitecto tan solicitado y que se ausenta tantas veces del país. También porque, como le he oído decir en más de una ocasión, su profesión no es conceder entrevistas, sino hacer arquitectura. Eso es lo que lo mueve, lo que le interesa de verdad. Cuando después de innumerables intentos, Siza acepta por fin el encuentro y conseguimos llegar a un acuerdo sobre la fecha, lo más frecuente es que la entrevista tenga que ser aplazada para una hora intempestiva de un sábado o un domingo. Son los días en los que el despacho está más vacío -siempre hay alguien trabajando- y cuando es posible una mayor tranquilidad. Aunque no sería la primera vez que he concertado una entrevista para un sábado al mediodía y, al llegar al despacho de la Rua do Alexio, me he encontrado con una auténtica aglomeración de periodistas extranjeros, todos a la espera de una opor-tunidad, de un poco de tiempo para entrevistar a Siza, sorprendido por un recibimiento tan inesperado. La idea de la entrevista, en abstracto, le molesta. Sin embargo, y esa es la mejor parte, una vez iniciaba la conversación se impone el entusiasmo con el que habla y reflexiona sobre los temas que se plantean.

Como se verá, aunque surjan continuamente cuestiones relacionadas con la arquitectura, en esencia estos textos tienen la finalidad de contribuir a un mejor conocimiento del hombre que está detrás del arquitecto. Incluso cuando aparentemente se habla estrictamente de arquitectura, subyacen siempre las premisas personales y la personalidad que han determinado las elecciones que ha tomado. De lo que se trata es, ante todo, de revelar el universo personal de Siza y no tanto su obra, sobre la que existen notables trabajos teóricos publicados en varios idiomas y firmados por reputados especialistas de la disciplina. Pero no hay que hacerse ilusiones. Álvaro Siza es muy celoso de su intimidad. Como periodista es un valor que he aprendido a apreciar y a respetar. Durante las distintas conversaciones que mantuvimos fueron innumerables las ocasiones en las que una simple mirada, una palabra interrumpida, me hicieron entender que a partir de ahí nos encontrábamos en una frontera que no era admisible traspasar. Nunca intenté forzar ese paso, incluso aunque en alguna que otra ocasión llegara a pensar que podría ser útil ir un poco más lejos. Desde ese punto de vista, como periodista me siento agradecido por no haber crecido en una época en la que llega a considerarse una virtud la falta de respeto por esos valores, el desprecio por el espacio íntimo de cada persona.

A excepción de una entrevista realizada expresamente para su inclusión en este libro, el resto de los trabajos se publicaron a lo largo de los años en la ‘Revista’ y el suplemento ‘Actual’ del semanario Expresso, en Arquitectura & construção, y en la revista de viajes alemana Merian.

Al recuperar y releer estos artículos y entrevistas, me enfrenté a lo que podría denominarse ‘el síndrome del retrato retocado’. La historia está llena de fotografías modificadas por motivaciones políticas, estéticas o sociales de momentos determinados; siempre he preferido los originales. Por eso, la opción en este caso ha sido no interferir en los textos, excepto las obvias correcciones ortográficas. Hay algún caso en el que se ha considerado conveniente colocar notas a pie de página, sencillamente para contextualizar mejor las cosas o, sobre todo, para explicar cómo evolucionaron proyectos en los que Siza decía estar trabajando en el momento de nuestro encuentro. Porque si, por ejemplo, en un texto se habla de la admiración que ‘hace unos días’ expresaba Eugénio de Andrade delante de la iglesia de Marco de Canaveses, no me ha parecido relevante corregir o retirar esa afirmación que nos sitúa en un tiempo indefinido, y mucho menos concretar su fecha exacta. Creo que lo importante es el sentimiento expresado por el poeta, y no tanto cuándo manifestó esa admiración.

En el libro se incluyen varios dibujos amablemente cedidos por Álvaro Siza, por lo que no puedo dejar de expresar mi agradecimiento público. Sin embargo, ello no implica ningún otro tipo de colaboración del arquitecto en esta edición, cuya responsabilidad debe atribuirse únicamente al editor y al autor.’

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

Opiniones

DANOS TU OPINIÓN

Escribir Tu Propia Revisión

Estás revisando: Álvaro Siza. Conversaciones con Valdemar Cruz

¿Cómo valoras este producto? *