50 respuestas sobre la moda

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Aunque abundan los estudios sobre las modas en general, casi siempre se ha abordado con reticencia la que las resume a todas: la moda del vestir. Este libro propone una breve historia de la moda del vestir, surgida en el siglo XIX como concepto y fenómeno social occidental, y hace un balance por las principales interpretaciones sociológicas que vestido y moda han suscitado a lo largo de su historia.

Descripción técnica del libro:

13 x 20cm
156 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425221286
Rústica
2006
Descripción
Descripción

Detalles

Aunque abundan los estudios sobre las modas en general, casi siempre se ha abordado con reticencia la que las resume a todas: la moda del vestir. Este libro propone una breve historia de la moda del vestir, surgida en el siglo XIX como concepto y fenómeno social occidental, y hace un balance por las principales interpretaciones sociológicas que vestido y moda han suscitado a lo largo de su historia.

Frédéric Monneyron es profesor de literatura general y comparada en la Universidad de Perpiñán y profesor invitado en varias universidades europeas y americanas. Es el autor o el coautor de una veintena de libros entre los que se encuentran: Séduire. L’Imaginaire de la séduction de Don Giovanni à Mick Jagger (1997) y La Frivolité essentielle. Du vêtement et de la mode (2001).
Índice de contenidos
Índice de contenidos

Índice de contenidos:

Introducción
         
1. ¿Quién ha hablado de la moda?
         
2. -¿Por qué a la moda le cuesta convertirse en un objeto de estudio?
         
3. -¿Y si las apariencias fueran profundas?
         
4. -¿Cómo hablar de la moda?

Primera parte. La moda y su historia
         
5. -¿La moda es un fenómeno occidental?
         
6. ¿Cómo nace la moda en cuanto fenómeno social?
         
7. ¿Cuál es el papel de las publicaciones periódicas de moda?
         
8. ¿Por qué la alta costura?
         
9. ¿La moda se basa en el dimorfismo sexual de la ropa?
         
10. ¿La moda es sólo femenina?
         
11. ¿Cómo y cuándo se cuestiona el dimorfismo sexual?
         
12. ¿Hacia la simplificación de la ropa femenina?
         
13. ¿Qué significó la llegada del prêt-à-porter?
         
14. ¿Hacia el final de las diferenciaciones sociales?
         
15. ¿Hacia una moda unisex?
         
16. -¿Qué sentido hay que dar al pantalón para la mujer y... a la minifalda?
         
17. ¿Siguen existiendo modas o simplemente tendencias?

Segunda parte. La moda y sus interpretaciones
         
18. -¿Qué importancia ha tenido el dandismo en la reflexión sobre la moda?
         
19. -¿Los escritores del siglo XIX, primeros sociólogos de la moda?
         
20. -¿La moda es imitación?
         
21. -¿La moda está relacionada con una clase ociosa?
         
22. -¿La moda es distinción?
         
23. -¿Qué lugar ocupa la moda en la cultura en general?
         
24. -¿Cuál es el significado cultural de la moda?
         
25. -¿La moda es imitación y distinción, suntuosidad y emulación?
         
26. -¿La moda es un fenómeno psicosocial global?
         
27. -¿La moda es un sistema ordenado y endógeno?
         
28. -¿La moda es un sistema semiológico cerrado?
         
29. -¿La moda es un objeto de estudio privilegiado para las feministas?
         
30. -¿Cuál es la aportación de una perspectiva feminista?

Tercera parte. La moda y su imaginario
         
31. ¿El vestido determina nuestros comportamientos?
         
32. ¿La moda anticipa los cambios sociales?
         
33. ¿Cuál es la importancia social del modisto actualmente?
         
34. ¿Las imágenes de la moda son representaciones de lo social?
         
35. ¿Cuál es la función de las revistas y de la fotografía de moda?
         
36. ¿Cómo se inspira la moda en otras civilizaciones?
         
37. -¿El vestido que tomamos prestado de otra civilización define nuestra relación con ésta?
         
38. ¿Cómo se inspira la moda en otras épocas?
         
39. -¿Qué sentido podemos dar al vestido que tomamos prestado de otras épocas?
         
40. -¿El acercamiento de los guardarropas masculino y femenino tiene una función social?
         
41. ¿De qué modo el vestido redefine las identidades sexuales?
         
42. ¿Qué imágenes de la mujer ofrece la moda contemporánea?
         
43. -¿La moda representa las relaciones de una sociedad con la sexualidad?
         
44. ¿Qué métodos hay que utilizar para estudiar el imaginario?
         
45. ¿Cómo aplicar esos métodos a las imágenes de moda?
         
46. ¿Cuáles son los grandes trends del imaginario de la moda?
         
47. ¿Cómo interpretar estos trends?

Conclusión
         
48. ¿Qué poder ejerce la moda sobre las representaciones?
         
49. ¿Es la moda objeto privilegiado del análisis sociológico?
         
50. ¿Y del psicoanálisis?

Bibliografía
Índice onomástico
 
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Extracto de la introducción:

‘Introducción

1. ¿Quién ha hablado de la moda?

En On Human Finery, libro escrito en 1945 pero modificado en gran medida en 1976, Quentin Bell, sobrino y biógrafo de Virginia Woolf, señalaba: ‘Los economistas, que no han pasado por alto la importancia de Veblen, tienden, me parece, a olvidar su teoría del vestido e incluso la teoría del vestido en general, y a considerar que este tipo de estudios se limita a una contemplación de los escaparates de los modistos y de los museos, y da rienda suelta a las elucubraciones del Teufelsdröckh de Carlyle. Es cierto que el estudio del vestido se sale de su ámbito y recae en la sociología. Sin embargo, en Gran Bretaña, incluso los sociólogos lo dejan para los historiadores que, a su vez, parecen no interesarse por la sociología. En Estados Unidos, este estudio se deja en manos de sociólogos que no se preocupan por la historia. El estudio del vestido es, sin embargo, capital para cualquiera que se interese por el comportamiento humano en su dimensión tanto sociológica como histórica’.

Así es como Bell describía una situación que básicamente no ha cambiado y que es válida tanto en Gran Bretaña y Estados Unidos como en Francia y Alemania. Aunque resulta difícil no suscribir este diagnóstico general en el que distintas disciplinas se pasan las unas a las otras ese objeto moda con el que no saben muy bien qué hacer, se puede objetar, sin embargo, que las dos últimas décadas del siglo XIX han sido testigos de la publicación de varios estudios importantes, principalmente en Francia, dedicados al vestido y a la moda. No obstante, conviene subrayar de inmediato que dichos estudios son esencialmente fruto de una sola y única disciplina: la historia. Dignos de mención son los libros de Philippe Perrot, Les Dessus et les Dessous de la bourgeoisie. Une histoire du vêtement au XIXème siècle (1981) y de Daniel Roche, La Culture des apparences. Une histoire du vêtement (XVIIe-XVIIIe siècle) (1989), que, alejándose de los territorios habituales de la historia, tuvieron el gran mérito de llamar la atención sobre la importancia del vestido en los acontecimientos sociales y en los procesos históricos. Aunque, por muy necesarias que puedan ser las apasionantes investigaciones de ambos historiadores, no han permitido a corto plazo una reconsideración general que implique a todas las disciplinas. El psicoanálisis, a partir de la obra, pionera además, de J. C. Flügel en... 1930, ha mostrado escaso interés o, en cualquier caso, un interés muy tangencial por el tema, centrándose sobre todo en el fetichismo; y salvo algunos intentos muy meritorios, como los de Eugénie Lemoine-Luccioni (El vestido. Ensayo psicoanalítico del vestir, 1983), ha dejado el vestido fuera de su campo de investigación. Desde el Tratado de la vida elegante, de Honoré de Balzac, en 1830, hasta Jacques Laurent en Le Nu, vêtu et dévêtu, pasando por Oscar Wilde a finales del siglo XIX o por Francis de Miomandre a principios del siglo pasado, resulta indiscutible que numerosos escritores han subrayado las implicaciones del vestido en el funcionamiento de las sociedades. Sin embargo, la sociología, a pesar de algunos estudios interesantes, está lejos de haberle dedicado toda la atención que merece y, por ejemplo, el papel del vestido en la construcción de las identidades individuales o sociales se sigue subestimando en gran medida. En cuanto a la economía, el lugar que ésta concede a la moda no es más destacado. Aunque la industria textil siga siendo un polo estratégico de la economía mundial y de muchos países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo, y la de la moda sea una industria que genera numerosísimos empleos y capitales muy importantes, la reflexión económica no le ha prestado en sus estudios una atención particular.

2. -¿Por qué a la moda le cuesta convertirse en un objeto de estudio?

No hay duda de que la moda ha encontrado y sigue encontrando dificultades para convertirse en un objeto de estudio serio. Resulta evidente que estamos lejos de haber otorgado al vestido el lugar que le correspondía tanto en la integración como en la contestación sociales; y, sin duda, no hemos subrayado suficientemente su importancia en los comportamientos sociales ya que, si bien es cierto que no nos vestimos del mismo modo para ir al cine, a una cena en la ciudad, a un concierto o a un partido de tenis, también lo es que no nos comportamos del mismo modo según la ropa que llevamos... Y la moda en sí misma, como fenómeno social importante de las sociedades occidentales, ha sido escasamente estudiada como tal. O, al menos, cuando se ha intentado indagar sobre las modas en general, casi siempre se ha analizado a regañadientes la que, sin embargo, parece resumirlas todas y constituir la moda por excelencia: la moda del vestir.

Ahora bien, no resultará inútil detenernos, desde el principio, en los motivos de este olvido -sin duda resultará conveniente hablar también de rechazo-, aunque sólo sea para establecer las condiciones necesarias para un discurso sobre el vestido y la moda. Es evidente que estos motivos son diversos y, al haber propiciado un rechazo tan general, también se han combinado y al combinarse se han reforzado. De entre ellos, dos pueden enunciarse más concretamente.

En un primer momento, podemos caer en la tentación de pensar que la dificultad principal a la que se enfrenta el vestido para poder plantearse como objeto de estudio y discurso es su propia banalidad. Por supuesto, es lo que distingue a primera vista al hombre del animal, lo que distingue a los hombres entre sí, lo que distingue también unas épocas de otras. Sin embargo, es tan fuerte su pertenencia a lo cotidiano que acaba pasando desapercibido o, en cualquier caso, si nos fijamos en él ni mucho menos contemplamos la posibilidad de que sea el tema de una reflexión filosófica, sociológica o psicológica de cierto alcance. Este argumento, que quizá algunos consideren pueril, no debe ser desechado de forma precipitada, aunque es cierto que muy rápidamente se le superpone un segundo argumento con el que, además, comparte muchos aspectos.

Este segundo argumento puede ser formulado del siguiente modo: si el vestido se halla excluido de cualquier investigación seria, es debido a la frivolidad que lo caracteriza. De hecho, en las sociedades occidentales, en las que toda una tradición filosófica ha privilegiado sistemáticamente los ‘trasmundos’ y ha buscado la verdad detrás de la aprehensión inmediata de las cosas, es comprensible que el vestido nunca pueda considerarse más que como una apariencia engañosa. O incluso si se considerara que las apariencias no son siempre engañosas, en cualquier caso se preferiría buscar el ser que se oculta tras ellas y, a partir de ese momento, cualquier exceso de importancia concedida al vestido y a la moda (que alguien como Hazlitt consideraba, significativamente, a mediados del siglo XIX, como ‘la consecución lamentable e ineluctable de la vanidad ostensiva y del egoísmo exclusivo’) sólo podrá levantar sospechas de frivolidad.

3. ¿Y si las apariencias fueran profundas?

Así pues, volver a colocar el vestido y la moda en el centro de una reflexión filosófica, estética y sociológica de primer orden implica, desde ese mismo momento, poder extraerlos de la banalidad, en la que se encuentran casi siempre, y situarlos a una distancia suficiente, pero también conlleva dar un vuelco a toda una actitud filosófica. Considerar, tal como hace Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray, que ‘el vano misterio del mundo es lo visible y no lo invisible’ y, a continuación, dedicarse a pensar en el vestido ya no como un potencial de error sino como molde y matriz, ya no como elemento secundario, accesorio, sino como elemento primordial y fundador, determinante tanto de los comportamientos individuales como de las estructuras sociales. En resumen, dan ganas de aceptar el reto de que en el origen fue el vestido.

Sin duda, podremos encontrar alguna ayuda para convertir la moda en un arte de pleno derecho y llevar a cabo dicho vuelco en esa posición que se remonta a Platón y que de forma episódica ha sido sostenida hasta Adorno. ¿Acaso en El pintor de la vida moderna Baudelaire no consideraba la moda ‘como una deformación sublime de la naturaleza o, mejor dicho, como un ensayo permanente y sucesivo de reforma de la naturaleza’? También se podría hallar una ayuda, todavía de forma más fundamental, en la transmutación de todos los valores que lleva a cabo la filosofía nietzscheana y en la afirmación de la profundidad de la apariencia que, después, sostiene las formas generales de dicho vuelco. Sin embargo, se trata ante todo de salir de la dialéctica de la apariencia y del ser; no tanto de asegurar la preeminencia de la apariencia sobre el ser como de observar el impacto de la primera sobre el segundo.

Norbert Elias ha demostrado de forma decisiva, con relación a otros temas, que la transformación de las apariencias puede acabar por cambiar el ser. En efecto, se sabe que, en 1969, en El proceso de la civilización, analizó la lenta integración psicosocial de cierto número de coacciones que modificaron nuestros comportamientos y contribuyeron a la ‘dinámica de Occidente’. Sólo lamentamos que no haya concedido en sus análisis un lugar más relevante al vestido, pero, al mismo tiempo, es indudable que ofrece un marco de gran utilidad para el estudio de sus funciones. La importancia del vestido en la modificación de los comportamientos puede ya, por otro lado, encontrar confirmación a nivel propiamente psicológico. Sin necesidad de tener que llegar a hablar de fetichismo, se sabe que el vestido ocupa un lugar muy importante, incluso central, en varias patologías sexuales como, por ejemplo, el travestismo o el transexualismo. Y, de forma más general, nadie negará que juega un papel de primer orden en la construcción, deconstrucción y reconstrucción de las identidades sexuales y sociales, y ello a pesar incluso de que dicho papel nunca hasta ahora haya sido estudiado con gran precisión.

Como resultado de dichas consideraciones, éstas son, a continuación, las cuestiones que conviene plantear. ¿De qué modo la adopción de una u otra prenda de vestir puede modificar un comportamiento o determinar una identidad? De forma más general, ¿cuál es, actualmente, la función social de la moda? Y si, por esencia, ofrece modelos, ¿cómo los ofrece? Con toda seguridad, dichos modelos están relacionados con las imágenes suscitadas por los vestidos. ¿En qué medida, a partir de entonces, dichas imágenes de moda, que quizá han sido poco estudiadas como tales, son significativas del estado de una sociedad? O bien: ¿en qué consiste la elegancia? Más allá de las vicisitudes de las modas y de los tiempos, ¿existe una elegancia en sí misma? O, si sólo existen elegancias particulares, ¿cómo se pueden definir? (…)’

Copyright del texto: Frédéric Monneyron
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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