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Conversaciones con Enric Miralles

Carles Muro (ed.)

Colección Conversaciones con...

14 x 20 cm
96 páginas
ISBN: 9788425228346
Rústica
2016

1 valoraciones

Índice

Prólogo
Benedetta Tagliabue

Nota del editor

Un retrato de Giacometti
Enric Miralles

Entrevista con Enric Miralles
Enrique Walker

Apuntes de una conversación informal
Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón

Fragmentos
Enric Miralles

Enric Miralles: la conversación como forma de conocimiento
Carles Muro

Entrevistas, conversaciones y cuestionarios
Agradecimientos
Procedencia de los textos

Texto del prólogo

Prólogo

Hubo una época en la que, conviviendo con Enric Miralles, me veía casi como un joven monje asistente, de esos que siempre acompañan a algún gran maestro tibetano. Se lo comentaba con humor a Enric: “Creo que me estoy convirtiendo en una experta mirallesiana...”. Al decirle esto veía ese conocimiento como algo tan natural que no debía de tener un gran valor.

Leyendo este libro me doy cuenta de lo valioso que era compartir cada momento de la vida con Enric, y compartir con él pensamientos, estados de ánimos, pasiones… Fue el gran aprendizaje de mi vida, y me gustaría acordarme más y con mayor precisión de todos aquellos momentos y pensamientos compartidos.
Al leer estos textos me doy cuenta de cuántas cosas no sabía, quizás no entendía o se me han olvidado… Me hacen dudar de si realmente llegué a convertirme en una “experta mirallesiana” y, aunque así fuera, todos los textos contenidos en este libro me parecen ahora nuevos y frescos, como si acabara de descubrirlos. Volver a leerlos y a encontrarme con sus frases se convierte en algo muy vivo y profundo que ahora interpreto de otra forma, y me deleito en ello.

No conocía la entrevista de Enrique Walker —que se publica aquí por primera vez—, una conversación extensa y profunda sobre el artículo que Enric publicó en El Croquis, “Un retrato de Giacometti” (1995), en el que James Lord describía el proceso de las numerosas sesiones de trabajo que compartió con Giacometti para conseguir su retrato. Siempre me pareció muy clara la relación entre las miles de variantes a las que Giacometti somete su retrato y la manera de crear de Enric. Durante las 18 sesiones, el retrato de James Lord aparece, desaparece, se delinea, se borra, vuelve a delinearse hasta que el artista llega al “definitivo”, pues se trataba de la última sesión de trabajo y ya no había más tiempo. Sin embargo, toda esa intensidad del proceso de trabajo se lee en la obra final, y cada una de las 18 sesiones ha dejado una huella que se percibe y se respira en el retrato definitivo.

Enric trabajaba un poco así. Las plantas, dibujadas a mano con escuadra, cartabón y compás, se podían acabar perfectamente en un día, pero al día siguiente se superponía otro papel vegetal y el dibujo iba variando; un día más tarde hacía lo mismo, y así hasta que ya no quedaba tiempo y había que entregar obligatoriamente. A Enric le pasaba lo mismo que a Giacometti: trabajaba y buscaba día tras día, pero nunca estaba del todo satisfecho con el resultado final.

Sin embargo, lo más bonito de esa entrevista es que Enric nunca habla de este parecido tan directo entre ambos procesos de creación, el suyo y el de Giacometti. Como siempre, su discurso es un viaje hipnótico; nos hipnotiza con las variantes de un pensamiento, se refiere a la manera de hacer de otros artistas, evoca la relación con el tiempo y el placer del trabajo.

Así conocí yo a Enric, como un hipnotizador con un discurso siempre inesperado, un arquitecto que, cuando dibujaba un espacio abierto en una planta, poco después volvía a dibujar algo más para bloquearlo. Quizás fuese su manera de ser; intentar ser delicado, nunca directamente definido, para así llegar a una arquitectura sutil, integrada y respetuosa. Cuando dibujaba o cuando explicaba la razón de las cosas, le aburría hacer un gesto demasiado definido o arrogante. En su discurso escrito o hablado procuraba describir de una manera muy precisa todo lo que pasa cuando el lápiz se mueve sobre el papel, detallando todos los impulsos, los matices, los pensamientos tangenciales, los “amigos” que le acompañaban (casi siempre a través de los libros abiertos sobre la mesa).

Cuando les explica sus propios procesos a Enrique Walker y a Tuñón y Mansilla me recuerda a Cesare Pavese en El oficio de vivir. Enric había leído el libro con atención unos años antes, y veo en sus textos un intento similar de penetrar en las profundidades de esa voluntad que llevó a Pavese a destilar poesía escrita y a Enric a destilar arquitecturas, que quizás también eran poesías.

Por último, como presidenta de la Fundació Enric Miralles, querría agradecer al editor Carles Muro, a Moisés Puente y a la Editorial Gustavo Gili este magnífico libro. Creo que los artículos y las entrevistas que aquí se publican nos llevarán a entender mejor el mundo de Enric Miralles. Quizás nos ayuden también a sumergirnos en ese momento complejo y difícilmente descriptible de la creación, y a volar más alto.

Benedetta Tagliabue
Presidenta de la Fundació Enric Miralles

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL